¿La guerra comercial de Trump revive o arruina la economía de EE.UU.?
Un análisis sobre las nuevas tarifas arancelarias, su impacto en los hogares estadounidenses y las contradicciones entre crecimiento de empleo y posible recesión
El regreso agresivo de los aranceles: ¿protección o castigo económico?
El presidente Donald Trump ha vuelto a colocarse en el centro de la polémica económica con el anuncio de una nueva ronda de tarifas arancelarias sobre productos importados. Este movimiento se suma a las ya existentes y ha encendido alarmas tanto entre economistas como en los bolsillos de millones de hogares estadounidenses.
Trump defiende estos aranceles como una forma de proteger la industria local frente a la competencia desleal del exterior y una vía para generar ingresos fiscales. Sin embargo, dado que la economía global está profundamente interconectada, estas medidas podrían transformarse en una bomba de tiempo para los consumidores y trabajadores del país.
¿Qué son los aranceles y cómo afectan al consumidor común?
Un arancel es, básicamente, un impuesto que se impone a los bienes importados. Las compañías que compran productos del extranjero deben pagar este impuesto, y, por lo general, trasladan ese costo al consumidor final. El resultado inmediato: precios más altos en muchos artículos de uso cotidiano.
“Va a afectar todo en la economía”, afirma Josh Stillwagon, profesor de economía en Babson College. “Veremos un aumento inmediato de precios tan pronto como los minoristas deban reabastecer sus productos”.
Desde frutas y verduras, pasando por ropa, artículos de farmacia, electrodomésticos y hasta piezas para automóviles, todo podría encarecerse sustancialmente. Y aunque algunas empresas han intentado anticiparse llenando sus inventarios antes del alza arancelaria, Stillwagon anticipa que los supermercados, debido a la naturaleza perecedera de sus productos, serán los primeros en reflejar los nuevos precios.
Impacto desigual: los más pobres pagan más
Uno de los principales problemas de esta política arancelaria es que el impacto no se distribuye de manera equitativa en la población. Gustavo Flores-Macías, profesor de políticas públicas en la Universidad de Cornell, asegura que las familias de bajos ingresos sufrirán de forma desproporcionada.
“Gastan una mayor proporción de sus ingresos en productos esenciales como alimentos, productos de higiene, energía, etc. Por lo tanto, incluso pequeños aumentos de precio pueden afectar gravemente su economía”, señaló Flores-Macías.
Esto se agrava con productos de alto valor como automóviles: los aranceles podrían encarecer un auto importado en varios miles de dólares. “Ese impuesto es mucho más pesado para quienes ganan menos”, añade Dipanjan Chatterjee, economista y analista en Forrester. Un estudio del Budget Lab en Yale estima que las pérdidas anuales para los hogares de menores ingresos podrían llegar a $980 sólo por las tarifas implementadas el 2 de abril.
Más allá de los precios: ¿riesgo de pérdida de empleo?
Además del aumento inmediato en el costo de vida, las tarifas también podrían traducirse en pérdida de empleos. Aunque Trump argumenta que sus políticas traerán de vuelta fábricas e impulsarán el empleo local, expertos como Susan Helper, exasesora de estrategia industrial en la Casa Blanca, discrepan:
“No hay suficiente certeza para que las empresas inviertan y creen nuevos empleos bien remunerados”, señaló Helper. “Tomaría años recuperar la inversión en nuevas instalaciones y eso requiere estabilidad en las políticas”.
Flores-Macías va más allá: “Las familias de bajos ingresos suelen tener trabajos más vulnerables. Cuando los aranceles comiencen a sacudir la economía, serán los primeros en sentirlo”.
Doble filo: incrementa el empleo, pero empeoran las condiciones económicas
En un giro irónico, el anuncio de las tarifas llegó al mismo tiempo que el informe laboral de marzo de 2025, en el cual se reportó que la economía estadounidense había sumado 228,000 nuevos empleos, superando ampliamente las expectativas.
Entre los sectores más beneficiados están salud (+54,000 empleos) y restaurantes/bars (+30,000). No obstante, esta bonanza parece estar en contradicción con otros indicadores preocupantes. La tasa de desempleo subió a 4.2%, consecuencia de que 232,000 personas ingresaron a la fuerza laboral, no todas encontrando empleo de inmediato.
“Este podría ser el punto más alto del empleo antes de la tormenta”, advirtió Diane Swonk, economista jefe en KPMG. “Hay muchas interrogantes: ¿los aranceles se mantendrán? ¿Habrá venganza de los socios comerciales? ¿Hasta qué punto los mercados financieros se desordenarán?”.
¿Qué productos se verán más afectados?
De acuerdo con John Breyault de la National Consumers League, sectores como el textil podrían ver aumentos de hasta el 17% en el precio. También se espera un alza significativa en materiales de construcción. Un análisis de la National Association of Home Builders calcula que los nuevos aranceles podrían incrementar en $9,200 el precio promedio de una nueva casa en Estados Unidos.
A estos datos se suma una inquietud creciente: el fenómeno de la shrinkflation, en el cual las empresas reducen la cantidad de producto o el tamaño del envase sin bajar el precio, disimulando así el aumento real del costo por unidad.
¿Puede hacer algo el consumidor?
Los expertos recomiendan prepararse sin caer en el pánico. Comprar a granel productos no perecederos que forman parte del consumo regular es una estrategia viable, pero debe evitarse el acaparamiento indebido. También es recomendable:
- Buscar alternativas de segunda mano o reacondicionadas en electrónica y ropa.
- Comparar marcas genéricas versus de prestigio.
- Utilizar aplicaciones para escanear códigos de barras y verificar el precio por unidad.
- Explorar opciones de autosuficiencia alimentaria, como huertos urbanos o comunitarios.
Como dijo Chatterjee: “Esto no es un huracán de siete días. Podría durar hasta que cambie la administración y con ella, la política comercial”.
El efecto dominó empresarial
Para los empresarios, la incertidumbre es igual o peor que el costo adicional. Jessica Bettencourt, CEO de la tienda Klem’s, dice que ha pausado nuevas contrataciones y ya recibió notificaciones de aumentos por parte de sus proveedores. “Escribí a mi equipo para que pida más etiquetas de precio. Este año será largo”, comentó.
En Brooklyn, Alex Clark, fundador de Fort Hamilton Distillery, ha tenido que hacer compras grandes para adelantarse a las tarifas, afectando su flujo de caja. “Compramos cosas que no necesitábamos ahora, pero que quizás más adelante no podremos pagar. La incertidumbre nos está matando”, apuntó.
Mientras tanto, el mercado bursátil reacciona con un dramatismo acorde: el Dow Jones cayó 1,000 puntos en la apertura del viernes tras los aranceles de represalia de China. El día anterior, ya había perdido 1,600 puntos.
Seema Shah, estratega de mercados en Principal Asset Management, lo resume así: “Todos sabemos que la debilidad económica se aproxima, pero al menos este informe laboral nos dice que el mercado era robusto justo antes del shock provocado por estas políticas”.
La paradoja está servida: mientras el país celebra empleos recién creados, podría estar sembrando las semillas de una desaceleración más profunda.