Un museo que cambia la narrativa: La verdadera historia de la vivienda pública en EE.UU.

Cómo el Museo Nacional de la Vivienda Pública en Chicago desafía estigmas, revive memorias y propone una nueva mirada sobre los espacios que moldearon la vida de millones

Ubicado en un edificio restaurado de 1938 en el vecindario de Little Italy en Chicago, el Museo Nacional de la Vivienda Pública abrió sus puertas con una misión tan audaz como revolucionaria: contar, desde las voces de quienes lo vivieron, las historias reales detrás de la vivienda pública en Estados Unidos.

Del estigma a la memoria viva

Durante décadas, las palabras “vivienda pública” en EE.UU. evocaron imágenes de decadencia, inseguridad y pobreza. Pero esa narrativa es incompleta y, en muchos casos, injusta. El Museo Nacional de la Vivienda Pública busca cambiar esa percepción mostrando el lado humano, histórico y cultural de estas comunidades. Como lo resume su directora, Lisa Yun Lee: “El mayor artefacto de nuestra colección es el edificio mismo”.

Esta institución única está construida en lo que fue el complejo Jane Addams Homes, un proyecto de vivienda federal de mediados del siglo XX ahora transformado a un costo de $17.5 millones. Es una referencia viva de cómo las políticas de vivienda afectaron la vida cotidiana de las familias trabajadoras en una ciudad con profundos contrastes raciales y sociales.

Un recorrido por el tiempo y la diversidad

Al recorrer el museo, el visitante entra en tres apartamentos reconstruidos con detalle histórico que representan distintas familias en las décadas de 1930, 1950 y 1970: una familia judía, una italiana y una afroamericana. Están equipados con objetos originales, desde platos de cocina hasta piezas de ropa, donados por antiguos moradores o sus descendientes. Este viaje temporal muestra cómo cambió no solo la fisonomía del sistema de vivienda pública, sino también su composición demográfica y su política.

El apartamento de los años 70 pertenecía al Reverendo Marshall Hatch, un reconocido activista y pastor de Chicago, quien, como muchos otros, vivió su infancia en estas unidades. Historias personales como la suya ilustran cómo muchas familias encontraron estabilidad, comunidad e incluso orgullo dentro de estas paredes.

Un arma contra el olvido y el racismo estructural

Uno de los objetivos principales del museo es evidenciar cómo, durante gran parte del siglo XX, las autoridades utilizaron políticas intencionadamente discriminatorias para concentrar a las comunidades afroamericanas en ciertas zonas urbanas, lo que comúnmente se conoce como “redlining”. Estas políticas no solo limitaron las oportunidades de las familias negras, sino que perpetuaron la segregación social por generaciones.

El impacto fue profundo: los afroamericanos fueron relegados a viveros verticales como el tristemente célebre Cabrini-Green, cuyas altas torres fueron demolidas como parte de un plan de renovación urbana controversial que expulsó a miles de residentes.

En palabras de Francine Washington, una de las fundadoras del museo que vivió toda su vida en la vivienda pública: “Queremos mostrar lo que hemos logrado, lo que hemos hecho, lo que hemos sobrevivido. Aunque estemos en vivienda pública, somos seres humanos. Queremos lo mismo que todos quieren en la vida.”

Memoria digital e innovación cultural

Inspirado por el Tenement Museum de Nueva York, pero llevando la experiencia un paso más allá, el museo de Chicago incorpora tecnología para una inmersión más profunda. Audio guías con relatos orales, videos interactivos y proyecciones de Manual Cinema —un colectivo de teatro de sombras— ayudan a ilustrar, por ejemplo, las barreras legales y económicas que enfrentaron las familias negras durante décadas.

En una de las salas más fascinantes se encuentra la “REC Room”, un estudio de música donde los visitantes pueden escanear discos para conocer a artistas que crecieron en vivienda pública, como Elvis Presley y el grupo de hip-hop Salt-N-Pepa. Curiosamente, DJ Spinderella, miembro del grupo, no solo vivió en vivienda pública, sino que también trabaja como curadora del museo.

Una visión urbana del futuro

Más allá de la exposición, el museo forma parte de un proyecto arquitectónico ambicioso. El espacio no solo funciona como un centro cultural, sino que es también hogar de 15 nuevas unidades de vivienda pública. Además, una biblioteca pública en el mismo complejo cuenta con unidades de vivienda asequible, y hay en marcha un desarrollo de viviendas de ingresos mixtos.

Esta sinergia entre historia, urbanismo y cultura comunitaria posiciona al museo como un nodo central de revitalización y cohesión social. El urbanismo, muchas veces culpable de haber segregado, aquí se convierte en el motor de integración.

Rompiendo estereotipos con empatía

Uno de los grandes logros del museo es su capacidad para inspirar empatía. A través de las voces grabadas de antiguos residentes, fotografías familiares y narraciones cotidianas, se logra un acercamiento íntimo a historias que frecuentemente han sido invisibilizadas.

Un gran panel con una foto en blanco y negro de una fiesta entre vecinos en Cabrini-Green es una de las imágenes favoritas de Gentry Quinones, una de las trabajadoras del museo que también reside en vivienda pública: “También hubo alegría y comunidad”, afirma.

La afirmación es potente: no se trata de pintar un cuadro idílico, sino de reconocer la humanidad completa de aquellas experiencias. Como afirma Sunny Fischer, presidenta del consejo del museo: “Es un museo que dice ‘Hay cosas que todos merecen’.”

Un modelo a seguir

Aunque puede parecer único, el modelo del Museo Nacional de la Vivienda Pública podría replicarse en muchas otras ciudades con legados similares. Desde Nueva York hasta Los Ángeles, el sistema de vivienda pública ha tenido un papel muchas veces ignorado en la formación de la clase trabajadora urbana de EE.UU., y con ello, de la cultura del país.

Recuperar esas historias no sólo contribuye a una mirada más justa sobre el pasado, sino que puede servir de base para políticas de vivienda más humanas, sostenibles e inclusivas.

Visitar el museo es gratis, aunque los recorridos guiados tienen un costo.

En definitiva, este museo no solo restaura un edificio, sino también la dignidad de millones de personas. Y como tal, representa una valiosa lección de historia, memoria y justicia social para las generaciones futuras.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press