Tarifas, tensiones y consecuencias: el nuevo capítulo del enfrentamiento comercial entre Canadá y Estados Unidos
El gobierno canadiense responde con firmeza a los aranceles automotrices impuestos por Donald Trump, mientras el sector del automóvil y la economía norteamericana empiezan a sentir los efectos
Una escalada comercial con historia
El jueves pasado, el recién nombrado primer ministro de Canadá, Mark Carney, anunció una respuesta contundente ante las nuevas tarifas del 25% impuestas por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre las importaciones de automóviles. Esta medida marca un nuevo capítulo en las ya tensas relaciones comerciales entre ambos países.
Carney fue claro y directo: Canadá igualará las tarifas automotrices de EE.UU. con sus propios aranceles aplicados a vehículos estadounidenses. “Tomamos estas medidas con reticencia. Las tomamos de manera que causen el máximo impacto en Estados Unidos y el mínimo en Canadá”, declaró Carney en una rueda de prensa en Ottawa.
La integración del sector automotriz: una red compartida
Carney subrayó que los aranceles no se aplicarán a autopartes debido a la naturaleza profundamente integrada del sector automotor entre Canadá y Estados Unidos. La industria automotriz norteamericana es un ejemplo de cooperación productiva; una sola pieza puede cruzar la frontera varias veces antes de ser ensamblada definitivamente.
Este enfoque refleja una comprensión estratégica: golpear a la industria automotriz estadounidense, sin dañar explícitamente la cadena de suministro canadiense. Carney insiste en que protegerá su economía sin exacerbar el peligro para los empleos locales.
Impacto inmediato: Stellantis y el cierre temporal
Uno de los primeros efectos de esta disputa comercial se materializó cuando Stellantis anunció el cierre temporal de su planta en Windsor, Ontario, a partir del 7 de abril. La planta, que emplea a 3,600 trabajadores, permanecerá cerrada por dos semanas, según informó James Stewart, presidente del sindicato Unifor Local 444.
Stewart alertó que podrían producirse más cambios en los calendarios laborales en las próximas semanas. Esta decisión no solo afecta a los empleados directamente implicados, sino también a decenas de miles de puestos indirectos ligados a esta planta.
Una industria en el ojo del huracán
El sector automotriz es la segunda mayor fuente de exportaciones de Canadá. Genera más de CA$85 mil millones anuales (unos US$63 mil millones), emplea a 125,000 personas directamente y casi 500,000 en sectores relacionados. Una guerra comercial prolongada, como advierte Carney, puede dañar seriamente este aparato productivo.
Por ello, el primer ministro anunció un fondo de respuesta estratégica de CA$2 mil millones (US$1.4 mil millones), con el objetivo de mitigar los efectos negativos de los aranceles sobre los trabajadores del sector automotriz.
Más allá del acero y el aluminio
No es la primera vez que Trump utiliza los aranceles como herramienta política y económica. Anteriormente ya había impuesto un arancel del 25% al acero y al aluminio canadienses. Esta vez, Carney advirtió que podría haber más represalias por parte de EE.UU., incluyendo posibles aranceles sobre productos farmacéuticos, madera y semiconductores.
En respuesta, Canadá mantiene en vigor una primera ronda de aranceles por valor de CA$30 mil millones (US$21 mil millones), dirigidos a productos como jugo de naranja, mantequilla de cacahuate, café, electrodomésticos, calzado, cosméticos, motocicletas y productos de pulpa y papel.
Carney suspende su campaña electoral
En un movimiento que evidencia la gravedad de la situación, Mark Carney suspendió su campaña electoral para concentrarse en la crisis. Su decisión ha sido bien recibida por muchos sectores, que ven en él a un líder pragmático y con experiencia económica, dado que fue anteriormente gobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra.
El eco político interno: reacciones variadas
El líder conservador de la oposición, Pierre Poilievre, ofreció su propia propuesta: eliminar los impuestos federales sobre los vehículos fabricados en Canadá. Según él, ello fortalecería a la industria nacional sin generar tensiones diplomáticas innecesarias.
Mientras tanto, el primer ministro de Ontario, Doug Ford —una figura clave dado que esta provincia alberga la mayor parte de la industria automotriz de Canadá—, calificó la respuesta de Carney como una “reacción medida”. Ford también reiteró su compromiso con los trabajadores del sector y pidió unidad frente a lo que considera una agresión comercial injustificada.
El efecto dominó: mercados financieros y tasas hipotecarias
Las consecuencias de la guerra arancelaria trascienden lo económico y lo político. Los mercados financieros han comenzado a tambalearse, con el índice Dow Jones cayendo más de 1,400 puntos en una jornada negra, evocando los peores días de la pandemia de COVID-19.
Esta caída en el mercado llevó a una bajada en el rendimiento de los bonos del Tesoro de EE.UU., lo cual, a su vez, afectó a las tasas hipotecarias. De acuerdo con Freddie Mac, la tasa promedio para una hipoteca a 30 años bajó al 6.64%, en comparación con el 6.82% del mismo periodo del año anterior.
“El mercado de bonos está reaccionando con nerviosismo, lo cual se traduce en menores tasas hipotecarias. Es una espada de doble filo: buenas noticias para compradores potenciales, pero señales de alarma para la economía”, afirmó Joel Berner, economista de Realtor.com.
¿Guerra comercial o estrategia electoral?
Los críticos de Trump sugieren que su estrategia de aranceles tiene también una dimensión electoral. Con la proximidad de elecciones, busca captar el voto de la clase trabajadora industrial, particularmente en estados clave como Michigan u Ohio, donde la industria automotivorizada tiene un peso fundamental.
No obstante, diversos análisis cuestionan la eficacia de estas políticas. Históricamente, las guerras arancelarias han tenido más efectos negativos que positivos. El ejemplo más citado es la ley Smoot-Hawley de 1930, que impuso aranceles generalizados y agravó la Gran Depresión.
Una reflexión desde el Norte
Mark Carney concluyó su intervención con una advertencia dirigida no solo a EE.UU., sino al mundo entero: “Estas acciones son injustificadas e, incluso, erróneas en nuestra opinión.” Afirmó también que espera que el dolor económico que sentirán las familias estadounidenses fuerce un cambio de rumbo en la política comercial del país. Pero, hasta que llegue ese punto, el camino será largo, y tanto canadienses como estadounidenses pagarán el precio.
Historia repetida, lecciones ignoradas
Mientras el mundo observa cómo las dos economías más estrechamente integradas del continente se enfrentan, es inevitable no preguntarse si los aranceles, lejos de ser una solución, son simplemente un parche político. ¿Cuántas veces deberá tropezar una economía con la misma piedra antes de aprender la lección?
Desde Ottawa hasta Detroit, pasando por Windsor y Washington, el eco de esta guerra comercial se sentirá durante meses —o incluso años—. Y en este tablero de ajedrez geoeconómico, los peones son, una vez más, los trabajadores.