El gran recorte: Trump, el Senado y el experimento arriesgado del gasto público

Entre recortes millonarios, impuestos permanentes y despidos masivos, los republicanos apuestan su capital político a una iniciativa que podría redefinir la relación del gobierno con sus ciudadanos

El Senado se lanza al ruedo: Trump quiere su 'gran, hermosa ley'

Con una votación ajustada de 52 a 48, el Senado estadounidense, bajo control republicano, ha iniciado la tramitación de lo que el expresidente Donald Trump ha denominado su “gran, hermosa ley”: un paquete legislativo de recortes fiscales permanentes, drásticos recortes al gasto público y aumentos en gastos militares y de seguridad nacional. El reloj marcaba el inicio de una maratónica sesión que podría durar hasta el fin de semana, en medio de mercados mundiales sacudidos por los nuevos aranceles impuestos por Trump.

La iniciativa legislativa surge en un momento de alta sensibilidad económica y social. La combinación de recortes tributarios, reducciones agresivas en programas sociales y una ofensiva tarifaria amenaza con redefinir el rol del gobierno federal estadounidense. Mientras los republicanos aplauden esta cruzada como una “corrección de rumbo” necesaria, los demócratas la califican como una guerra contra los pobres.

Entre recortes fiscales y deudas crecientes

Uno de los elementos centrales del plan es la permanencia de los recortes fiscales aprobados durante el primer mandato de Trump, que expiran a finales de año. De no renovarse, advierten los líderes republicanos, los contribuyentes verían un aumento inmediato de impuestos calculado en $4 billones (USD).

El senador John Barrasso (R-Wyoming), látigo del GOP en el Senado, lo expresó con claridad:

“Estamos evitando una catástrofe fiscal. Dejar que estos beneficios expiren es aumentar los impuestos en un momento en que los estadounidenses lo menos que necesitan es presión adicional.”

Sin embargo, el precio político y económico es alto. El plan del Senado contempla más de $4.5 billones en recortes fiscales y apenas $4 mil millones en recortes de gasto ya garantizados; una enorme brecha de financiamiento. Aunque eventualmente se podrían sumar hasta $2 billones en recortes adicionales, muchos de ellos afectarían programas sensibles como Medicaid, ayuda educativa y apoyo a veteranos.

El “núcleo nuclear” del presupuesto: una reinterpretación radical

Para justificar la imposición de esta estructura fiscal, el senador Lindsey Graham, presidente del Comité de Presupuesto, adoptó una maniobra contable sin precedentes: argumenta que mantener los recortes fiscales existentes no equivale a una nueva política, por lo que no requiere compensación mediante recortes equivalentes en otras áreas.

Los demócratas han explotado esta narrativa calificándola de “rompe reglas”. El senador Jeff Merkley (D-Oregón) lanzó su denuncia con una frase pegajosa: “Las familias pierden y los multimillonarios ganan”.

Además, durante el debate, los demócratas utilizaron las 25 horas asignadas al máximo, señalando que la propuesta republicana pone en peligro programas vitales como los almuerzos escolares, asistencia infantil, subsidios médicos y hasta la seguridad social. El líder de la minoría del Senado Chuck Schumer calificó la iniciativa como:

“Miserable, cruel y descontada de toda empatía con las familias trabajadoras.”

Despidos masivos y daños colaterales: LIHEAP y los vulnerables

No solo se trata de cifras en un papel. La implementación de este nuevo rumbo fiscal ya tiene víctimas concretas. El Programa de Asistencia Energética para Hogares de Bajos Ingresos (LIHEAP), una iniciativa de décadas de antigüedad que ayuda a más de 6 millones de familias anualmente a cubrir sus cuentas de electricidad y calefacción, ha sido desmantelado de facto.

Más de 10,000 empleados federales fueron despedidos como parte de una reorganización del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), incluido todo el personal de LIHEAP. Mark Wolfe, director ejecutivo del National Energy Assistance Directors Association, denunció:

“No hubo advertencia. Los trabajadores llegaron un lunes a sus oficinas y se encontraron con las puertas cerradas.”

La incertidumbre es total. Aunque el Congreso ya había autorizado $378 millones adicionales para continuar financiando el programa, no hay personal para procesar los fondos. En Minnesota, por ejemplo, se advierte que más de 10,000 familias podrían quedarse sin apoyo este verano si no llegan los fondos prometidos.

“Aquí todavía nieva en abril. Este apoyo no es prescindible; es vital”, señaló Pete Wyckoff, subsecretario de Energía del estado. En Connecticut, el estado espera $8 millones aún no transferidos. Y correos electrónicos a los contactos del programa simplemente devuelven errores.

En un contexto político polarizado, incluso dos senadoras republicanas —Susan Collins (Maine) y Lisa Murkowski (Alaska)— firmaron una carta urgiendo a revertir la medida.

La purga universitaria: $510 millones bajo sitio

Otra dimensión del nuevo enfoque presupuestario es el castigo a instituciones educativas consideradas “inadecuadas” en su lucha contra el antisemitismo. Tras haber retirado $400 millones a Columbia University, ahora la administración Trump ha fijado su mira en Brown University: $510 millones en contratos y subvenciones están en riesgo de ser cancelados.

Todo esto ocurre en el marco de investigaciones federales sobre incidentes relacionados con protestas pro-palestinas. La administración acusa a universidades de elite de permisividad, y ha vinculado directamente los recortes presupuestarios a su respuesta ante las acusaciones de antisemitismo.

Brown, por su parte, niega haber recibido comunicaciones oficiales. En un correo a los líderes del campus, el rector Frank Doyle mencionó “rumores inquietantes”, pero no confirmó ningún contacto formal.

Esta política ha sido interpretada por analistas como una forma de control ideológico del discurso académico —un punto de quiebre no visto desde la era McCarthy.

El respaldo incondicional: Trump da luz verde

Donald Trump, en pleno control del liderazgo republicano, ha brindado su “apoyo total y completo” a la ley del Senado, incluso reforzando personalmente su compromiso durante una ceremonia para anunciar su nuevo paquete de aranceles.

Esta ola de nuevas tarifas, que ha puesto en jaque las bolsas mundiales, es vista por analistas como una estrategia política para activar el voto obrero nacionalista. Sin embargo, el impacto ha sido inmediato: las bolsas de Nueva York, Londres y Tokio han presentado importantes caídas en las últimas 48 horas.

No hay indicios de que Trump esté preocupado por estas consecuencias. Al contrario, ha instruido al Departamento de Eficiencia Gubernamental, liderado por Elon Musk —quien también está dirigiendo despidos masivos en dependencias como estudios científicos, meteorología y oficinas del seguro social— a continuar a fondo con la “limpieza”.

La pregunta del Congreso: ¿A cambio de qué?

La medida aún necesita ser conciliada entre Cámara y Senado. El líder de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, espera tener un paquete final listo para el Memorial Day (finales de mayo), algo que cada vez parece más remoto dada la oposición interna entre los republicanos más fiscalistas, especialmente dentro del Freedom Caucus.

Mientras tanto, los votantes observan. La presión sobre los legisladores crece a medida que los impactos se hacen visibles: menos fondos para salud, educación e infraestructura, despidos sin precedentes y una transformación radical del Estado. El debate no es solo sobre dinero, es sobre la esencia de lo público y el rol del gobierno en la vida cotidiana.

En palabras de Schumer:

“Queremos que los estadounidenses miren esta propuesta y vean al verdadero Partido Republicano desnudo. Sin máscaras. Sin excusas. Con sus prioridades tal cual son.”

En esta nueva era de Trumpismo institucionalizado, los contrastes no podrían ser más marcados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press