Cuando la justicia canta en el púlpito: cómo una iglesia afroamericana ganó el nombre de los Proud Boys

Metropolitan AME y su innovadora victoria legal contra el odio, transformando símbolos de supremacía en emblemas de resistencia

Una iglesia con historia. Una comunidad herida. Y una decisión legal que hizo historia. La Metropolitan African Methodist Episcopal Church (Metropolitan AME), una emblemática iglesia afroamericana con casi dos siglos de compromiso en la lucha por los derechos civiles, logró lo que muchos consideraban impensable: arrebatarle el control del nombre, marca y logotipo a uno de los grupos más ultraderechistas y violentos de EE. UU., los Proud Boys.

Este texto no es una crónica cualquiera de tribunales. Es un análisis del poder transformador que puede tener la justicia cuando se viste de dignidad, historia y sentido estratégico. Metropolitan AME no sólo ganó un juicio, ganó una batalla en la narrativa política y cultural de una nación polarizada. En tiempos de odio y fanatismo, esta iglesia decidió responder con acciones sustentadas en la ley, en la memoria y en el ingenio.

El ataque de 2020: vandalismo con mensaje

En diciembre de 2020, en el marco de una manifestación pro-Trump en Washington D.C., varios miembros de los Proud Boys —grupo fundado en 2016, conocido por su participación violenta en hechos como el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021— vandalizaron propiedades de iglesias históricamente negras. Uno de los blancos fue Metropolitan AME, donde arrancaron y destruyeron su letrero de apoyo a Black Lives Matter. Para su pastor, el Reverendo William H. Lamar IV, no se trató de un simple acto de vandalismo impulsado por el alcohol:

“Fue una versión suavizada de la quema de cruces. Intimidación política clara”, afirmó Lamar.

Una iglesia que ha sido faro en tiempos oscuros

Fundada en 1838, Metropolitan AME ha sido escenario de capítulos fundamentales de la historia afroamericana. Allí se han realizado funerales de figuras como Frederick Douglass o Rosa Parks, y ha sido templo de oración para presidentes estadounidenses y líderes del movimiento de derechos civiles como Martin Luther King Jr.

Su arquitectura imponente, levantada por comunidades AME de todo EE. UU. —desde Mississippi hasta Connecticut— se encuentra a tan solo media milla de la Casa Blanca. Este lugar sagrado ha sido símbolo de resistencia, autodefinición y esperanza negra en una ciudad que, a pesar de haber ofrecido oportunidades, fue testigo también de profundas segregaciones.

La demanda judicial: pelea en terreno estratégico

Ante el ataque, la comunidad liderada por Lamar no optó por el silencio ni la victimización. En cambio, recurrieron a algo que han dominado a lo largo de generaciones: el sistema judicial estadounidense. Siguiendo los pasos de otras acciones históricas —como las demandas que llevaron al desmantelamiento del Ku Klux Klan o la desegregación escolar—, Metropolitan AME denunció civilmente al grupo por daño a propiedad e incitación al odio.

En 2023, un juez dio la razón a la iglesia, condenando a los Proud Boys a pagar 2,8 millones de dólares por daños. Más aún: como los acusados no pagaron, la corte otorgó a la iglesia derechos sobre la marca, logotipo y símbolos del grupo, incluyendo su distintivo diseño de corona de laurel en fondo negro y amarillo.

De símbolo de odio a herramienta de resistencia cultural

Metropolitan AME no tardó en usar esos símbolos a su favor. Desde su sitio web comenzaron a vender camisetas con frases como “Stay Proud, Stay Black” (Permanece orgulloso, permanece negro), y están desarrollando líneas para apoyar el Mes del Orgullo y Juneteenth (fiesta nacional que conmemora el fin de la esclavitud).

Según el Reverendo Lamar:

“Es nuestra forma de convertir algo pensado para el mal en una herramienta para el bien”.

Los ingresos se destinan a un fondo comunitario para justicia social, y también se proyecta utilizar el control de marca para impedir que los Proud Boys sigan lucrando con productos, redes o propaganda.

Protección e incertidumbre: la victoria no está exenta de riesgos

Khaleelah Harris, integrante de la congregación y candidata a ordenarse en la AME, expresó sentimientos encontrados al conocer la victoria:

“Recé por la seguridad del templo. Mi principal temor era que no dañaran la iglesia física”, dijo. Metropolitan llegó a pagar más de 20.000 dólares mensuales en seguridad adicional tras las amenazas.

La inquietud de Harris responde a un contexto en el cual ataques contra lugares de culto han sido cada vez más frecuentes. Según el Southern Poverty Law Center, los incidentes con motivación racial o religiosa en EE. UU. aumentaron en más del 30% entre 2019 y 2023.

Una táctica legal con raíces profundas

La idea de usar la ley contra los símbolos del odio no es nueva. En 1987, la organización Southern Poverty Law Center obtuvo un fallo histórico de 7 millones de dólares contra el Ku Klux Klan por un caso de agresión. Eso llevó a la ruina económica del grupo en Alabama.

Metropolitan AME se suma a esa tradición. Su enfoque incluye, además, la construcción de narrativa. No basta con ganar, hay que comunicar con fuerza lo que representa la victoria.

¿Puede una marca cambiar el relato público?

Algunos observadores, como Wayne Curtis, miembro de la iglesia desde hace casi 30 años, se muestran reservados:

“No quiero que esto les dé más atención de la que ya tienen. Pero puede ser una oportunidad para enseñar humildad a una organización bastante extrema”.

Y es que el movimiento Proud Boys, aunque fragmentado, continúa activo. Tras la reciente sentencia, su exlíder Enrique Tarrio, condenado inicialmente a 22 años de prisión por su papel en el asalto al Capitolio, escribió en su cuenta de X (antes Twitter) una burla: “Deberíamos llamarnos African Methodist Episcopal Boys”.

Es un intento de desviar la atención del verdadero revés judicial. Sean cuales sean sus nuevos nombres, la sentencia y los derechos sobre la marca permanecen, y podrían perseguir comercialmente a cualquier agrupación derivada.

De monumento espiritual a agente legal

El pastor Lamar subraya que esta victoria ha sido animada por la memoria de sus ancestros:

“La victoria —explica— es ancestral. Nos dice: sigan adelante. Han ganado esto, pero no ha terminado”.

Hoy inician cada servicio dominical bajo estrictas medidas de vigilancia, mientras afuera un nuevo cartel de Black Lives Matter se alza alto, incluso cuando a apenas tres cuadras, el gobierno de la ciudad desmontó el famoso Black Lives Matter Plaza.

La batalla no es simplemente por el pasado. Es por el presente y, sobre todo, por el derecho de esta comunidad a construir un futuro sin miedo, sosteniéndose en el poder de la justicia y la persistencia moral.

Una lección para movimientos civiles en todo el mundo

En un momento en que las democracias enfrentan desafíos desde extremos ideológicos, el caso de Metropolitan AME nos recuerda que la batalla contra el odio no siempre se libra en calles incendiadas, sino también en tribunales, en registros de marca, y hasta en líneas de ropa con mensajes poderosos.

Es una estrategia que varios movimientos podrían adaptar: usar las herramientas que ofrece la ley y las plataformas del mercado para reconfigurar los mensajes de quienes promueven la violencia.

La respuesta de Metropolitan AME ha sido tan brillante como eficaz: mostrar que el orgullo verdadero no nace del odio ni la supremacía, sino de defender con dignidad la historia, el amor propio y la comunidad.

“No se trata solo de nosotros” —concluye Lamar— “sino de enviar una señal clara a cualquiera que busque intimidar a personas, templos o creencias”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press