Sudán al borde del abismo: violencia, hambruna y desplazamiento masivo mientras el mundo observa
Los ataques de las Fuerzas de Apoyo Rápido en Darfur agravan una crisis humanitaria ya insostenible, empujando a millones a la desesperación
Un nuevo capítulo de horror en Darfur
El nombre de Darfur evoca ecos de una de las crisis humanitarias más oscuras del siglo XXI. Sin embargo, contra todo pronóstico, los horrores en esta región sudanesa han vuelto a cobrar protagonismo con más fuerza y violencia. En el corazón de esta renovada tragedia está el campo de desplazados de Abo Shouk en El Fasher, capital de la región de Darfur del Norte, atacado esta semana por fuerzas paramilitares que utilizan artillería pesada sin distinción entre combatientes y civiles.
Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), un cuerpo militar paramilitar formalmente desligado del ejército tradicional sudanés, han sido acusadas de bombardear deliberadamente el campamento que alberga a más de 450,000 desplazados. Según Adam Rijal, portavoz de la Coordinación para Personas Desplazadas y Refugiados en Darfur, los ataques se intensificaron el lunes, dejando al menos dos muertos y múltiples heridos.
Una crisis largamente ignorada
Desde abril de 2023, Sudán ha estado sumido en una guerra civil entre el ejército nacional y las RSF, lo que ha desencadenado una catástrofe humanitaria. Según estimaciones de organizaciones internacionales como la ONU y la UNICEF, más de 20,000 personas han fallecido, y al menos 14 millones se han visto forzadas a huir de sus hogares.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia ha alertado además que al menos 61,800 niños han sido desplazados internamente desde el inicio del conflicto. Muchos de ellos habitan en campamentos como Abo Shouk, actualmente bajo fuego, sin acceso a suficiente comida, agua ni atención médica.
El silencio internacional y la impunidad
El gobernador de Darfur, Mini Arko Minawi, condenó los ataques en un comunicado en Facebook, señalando que estas agresiones forman parte de un plan sistematizado de exterminio étnico contra los residentes de El Fasher y los campos vecinos.
“El asedio a los campos de desplazados no es un daño colateral. Es terrorismo deliberado contra poblaciones indefensas”, escribió Minawi, recordando que en Darfur ya se vivieron episodios de genocidio en la década de los 2000 que dejaron más de 300,000 muertos y millones de refugiados.
La ONU, en voz de su portavoz Stephane Dujarric, declaró estar “profundamente alarmada” por las recientes hostilidades. Sin embargo, hasta el momento, la respuesta internacional ha sido tibia, sin sanciones claras ni presión diplomática suficiente para contener la violencia. Clementine Nkweta-Salami, coordinadora humanitaria de la ONU en Sudán, fue más contundente al declarar que los ataques son “ilegales e indefendibles desde un punto de vista moral”.
¿Quiénes son las Fuerzas de Apoyo Rápido?
Las RSF surgieron de las tristemente célebres Janjaweed, milicias árabes que aterrorizaron Darfur durante el conflicto de principios de los 2000. Formalmente integradas en 2013 como una fuerza de seguridad especial bajo el control del dictador Omar al-Bashir, las RSF se convirtieron en un poder paralelo que respondió directamente al Ejecutivo.
Tras la caída de Bashir en 2019, las RSF no fueron desmanteladas. Al contrario, aumentaron su independencia y poderío económico, financiándose a través de redes opacas que incluyen comercio de oro, tráfico de personas e incluso contratos de seguridad privada en Emiratos Árabes Unidos y Libia.
Su líder, el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como “Hemedti”, es ahora uno de los hombres más poderosos del país. Desde abril de 2023, sus fuerzas están envueltas en un enfrentamiento directo con el ejército nacional comandado por el general Abdel Fattah al-Burhan, en una lucha por el control total del país.
Hambruna inminente y colapso social
Sudán no solo sufre una guerra, sino una combinación de desastres: violentos desplazamientos internos, colapso de instituciones civiles, cortes prolongados de electricidad, y un sistema sanitario destruido. Los informes del Programa Mundial de Alimentos apuntan a que varias regiones, especialmente en Darfur y Kordofan, han entrado ya en fase 5 de emergencia alimentaria, es decir, hambrunas locales activas.
“Estamos viendo a personas comer hojas, raíces y animales muertos. Es desgarrador”, afirmó recientemente Cindy McCain, directora ejecutiva del PMA.
La situación más crítica se centra en los campos de desplazados como Abo Shouk, donde la llegada de ayuda humanitaria se ha vuelto extremadamente peligrosa. Decenas de trabajadores humanitarios han sido secuestrados o asesinados. Una fuente de OCHA reveló que incluso hospitales móviles han sido atacados.
El fracaso diplomático global
Desde el estallido del conflicto, diversas rondas de negociación entre las facciones militares han fracasado. Estados Unidos y Arabia Saudita intentaron mediar en Yeda el año pasado, sin éxito. Mientras tanto, Naciones Unidas se ha visto debilitada por falta de acceso y por divisiones en el Consejo de Seguridad.
China y Rusia, aliados tradicionales del ejército sudanés, bloquean sanciones efectivas contra los responsables de crímenes de guerra. Qatar, Emiratos Árabes y Turquía, por otro lado, mantienen relaciones ambiguas con las RSF, alimentando su maquinaria bélica de manera indirecta.
La guerra olvidada
La cuestión más aterradora quizá es el manto de silencio que cubre a Sudán en el debate internacional. Muy pocos medios globales prestan atención sostenida a lo que ocurre allí. Mientras guerras como la de Ucrania o Gaza dominan los titulares, la guerra en Sudán avanza en relativo anonimato.
“Es inaceptable que una crisis que ha obligado a uno de cada tres sudaneses a desplazarse internamente no figure en los debates principales de las Naciones Unidas o el G7”, denunció Jan Egeland, secretario de Consejo Noruego para los Refugiados.
¿Qué se puede hacer?
La crisis en Darfur y Sudán central debe situarse con urgencia en la agenda prioritaria de la comunidad internacional. Esto debería incluir:
- Sanciones específicas contra comandantes responsables de ataques a civiles.
- Corredores humanitarios seguros y protegidos por fuerzas de paz internacionales, al estilo de lo logrado en Etiopía.
- Financiamiento sostenido a las agencias humanitarias con presencia local.
- Presión activa al Consejo de Seguridad de la ONU para reactivar misiones de paz como UNAMID, retiradas prematuramente en 2021.
Cada día que pasa sin acción representa más víctimas innocentes, más niños desnutridos y más comunidades borradas del mapa. No mirar hacia Sudán es una forma de complicidad silenciosa.
Desde El Fasher hasta el resto del mundo: Sudán no puede seguir siendo el conflicto olvidado.