Revolución femenina en el deporte universitario: el NIL transforma las reglas del juego
De Paige Bueckers a JuJu Watkins, cómo las estrellas del básquetbol universitario están redefiniendo el éxito gracias al nombre, imagen y semejanza
El deporte universitario femenino en Estados Unidos está viviendo su mayor revolución desde la promulgación del Título IX en 1972. No se trata de una nueva regla de juego, sino de una simbólica apertura de puertas: la era del NIL (Nombre, Imagen y Semejanza). Con ella, estrellas como Paige Bueckers, JuJu Watkins y Olivia Miles ya no necesitan esperar a la WNBA para generar ingresos millonarios; ahora, pueden monetizar su popularidad desde el vestuario universitario.
Del anonimato a contratos millonarios: el impacto inmediato del NIL
La decisión de la NCAA en 2021 de permitir que los atletas universitarios pudieran beneficiarse económicamente de su nombre, imagen y semejanza (NIL por sus siglas en inglés) supuso una disrupción sin precedentes. De un día para otro, jugadoras que ni siquiera eran profesionales se convirtieron en marcas globales.
Ejemplo paradigmático son las hermanas Haley y Hanna Cavinder, quienes ese mismo año aparecieron en una valla en Times Square patrocinadas por Boost Mobile. Ambas estaban todavía en Fresno State por entonces. Hoy, con más de 7 millones de seguidores en redes sociales, múltiples contratos y participaciones empresariales, han amasado una fortuna sin necesidad de un minuto en la WNBA.
“No sabía cuánto dinero había hasta que pasó el 1 de julio (de 2021). Fue abrumador. Fue como, ‘guau, esto es real’” —Haley Cavinder.
Paige Bueckers, el ejemplo perfecto del nuevo paradigma
La estrella de UConn, Paige Bueckers, ha sido destacada como el rostro ideal del modelo NIL por su entrenador Geno Auriemma. A diferencia de anteriores generaciones, Bueckers construyó una imagen y reputación antes de firmar contratos millonarios.
“Ella hizo un nombre por sí misma cuando la gente no cobraba por jugar. Es exactamente cómo debería funcionar: vas a la universidad, destacas y todos quieren asociarse contigo” —Geno Auriemma, entrenador de UConn.
A sus 22 años, Bueckers tiene acuerdos con Nike, Gatorade y varias marcas más, lo que la ha llevado a ganar cifras cercanas a los millones de dólares sin necesidad de abandonar la vida universitaria. Y no está sola: Olivia Miles (Notre Dame) decidió postergar su entrada a la WNBA para mantenerse en ese entorno lucrativo un año más.
Reglas diferentes, realidades diferentes: NBA vs. WNBA
Una parte esencial de esta transformación es la diferencia entre los requisitos de entrada al profesionalismo. En la NBA, los hombres pueden presentar su candidatura al draft al cumplir 19 años y después de un año de universidad. Pero en la WNBA, el panorama es distinto: deben ser seniors o haber cumplido 22 años al año del draft.
Sin embargo, esta regla no ha generado controversias: el mercado aún no justifica cambiarla. El salario base de un pick número 1 en la NBA supera los $13.8 millones al año, mientras que en la WNBA ese sueldo apenas llega a los $78,831. La diferencia es colosal.
Negocios antes que balones: cuando quedarse en la universidad es mejor opción
Con cifras así, no sorprende que jugadoras como JuJu Watkins, de Southern California, permanezcan en la universidad. Incluso tras sufrir una desgarradora lesión en el torneo de la NCAA, su valor comercial como influencer y figura mediática se mantiene intacto.
La también estrella de Iowa, Kate Martin, quien compartió cancha durante seis años con Caitlin Clark, lo resume con claridad:
“Tener mi educación pagada y ganar dinero con mi NIL fue una de las principales razones por las que decidí quedarme. Me criticaban por estar seis años, pero valió totalmente la pena”.
El NIL abre camino a una explosión mediática del deporte femenino
Según Opendorse, empresa que presta servicios de NIL a universidades, los programas femeninos tienen en promedio una audiencia social superior a los masculinos. Además, el público femenino está consiguiendo una conexión más directa con el marketing digital.
“Las atletas femeninas universitarias son probablemente la inversión mediática más efectiva del deporte en este momento” —Steve Denton, CEO de Opendorse.
Esto no solo representa un cambio en el paradigma económico, sino también en el cultural: la audiencia que sigue a figuras femeninas es más variada y comprometida. Mientras los hombres aún dominan varios deportes en términos de audiencia, las mujeres generan un nivel de engagement comparable en redes sociales.
Más allá del básquetbol: el NIL en otros deportes femeninos
Aunque el auge actual se centra en el básquetbol universitario femenino por la popularidad de la NCAA March Madness, otros deportes también están experimentando un efecto similar. Softbol, fútbol femenino y gimnasia artística universitaria empiezan a mostrar nombres que ya valen millones sin haber pisado un campo profesional.
Simone Biles y Naomi Osaka son pioneras, aunque no pasaron por el college system tradicional. Hoy, atletas como Livvy Dunne (gimnasia en LSU) generan millones gracias a sus millones de seguidores y contratos publicitarios.
¿El futuro profesional pasa por el campus?
Con el NIL, la universidad dejó de ser una etapa de tránsito profesional para muchas atletas femeninas. Ahora, es una plataforma de crecimiento personal y empresarial. La consigna ya no es “graduarse para ganar dinero”, sino “aprovechar la universidad para construir un imperio”.
Y con cada nueva estrella que seduce audiencias masivas desde su cuenta de Instagram o TikTok, el mensaje es claro: el futuro del deporte femenino ya no empieza en la WNBA, sino en el campus.
Mientras las instituciones se adaptan y las marcas descubren a nuevas embajadoras, queda claro que estamos ante un periodo histórico del deporte universitario femenino. Paige Bueckers, Olivia Miles, JuJu Watkins y muchas otras no solo están cambiando la forma de jugar, sino también la forma de triunfar.