Malvinas, Milei y la memoria nacional: ¿conciliación o claudicación?

La postura del presidente argentino Javier Milei sobre las Islas Malvinas desata una tormenta política a 43 años de la guerra del Atlántico Sur

Por más de cuatro décadas, la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas ha sido uno de los pilares del sentir nacional argentino. Cada 2 de abril, el país recuerda a los 649 caídos en la guerra de 1982, en un acto que mezcla memoria, dolor y reclamo soberano. Sin embargo, en 2025, la conmemoración adquirió un cariz inesperado con las declaraciones del presidente libertario Javier Milei, quien se mostró abierto a una posible autodeterminación de los habitantes del archipiélago, algo que no solo levantó cejas, sino que encendió una verdadera tormenta política en Buenos Aires.

La guerra de 1982 y el reclamo eterno

Las Islas Malvinas, ubicadas a unos 500 kilómetros al este de las costas argentinas, fueron ocupadas por Gran Bretaña en 1833. Desde entonces, y con especial intensidad desde mediados del siglo XX, Argentina ha vuelto una constante diplomática su reclamo de soberanía sobre el archipiélago —estratégico, simbólico e identitario— cuya población hoy oscila en torno a los 3.000 habitantes, conocidos en inglés como Falklanders y en Argentina como “malvinenses”.

El 2 de abril de 1982, la dictadura militar argentina ordenó un sorpresivo desembarco en las islas. El conflicto bélico duró apenas 74 días, pero dejó una huella imborrable: 649 argentinos y 255 británicos perdieron la vida, mientras el Reino Unido retuvo el territorio. Desde entonces, todos los gobiernos argentinos democráticos —de izquierda, centro o derecha— han mantenido firme el reclamo.

El giro de Javier Milei: ¿nueva estrategia o contradicción ideológica?

La frase exacta que desató la polémica fue: “Esperamos que los malvinenses algún día decidan votarnos con sus pies”. Fue pronunciada por Milei durante el acto oficial en el memorial a los caídos, en una jornada cargada de simbolismo y dolor. El presidente continuó: “Por eso aspiramos a convertirnos en una potencia, para que los isleños prefieran ser argentinos”.

Las palabras fueron leídas por muchos como una inesperada apertura a la posibilidad de autodeterminación de los habitantes de las islas, algo que históricamente Argentina ha rechazado argumentando que se trata de población implantada por una potencia colonial y, por tanto, sin legitimidad para decidir sobre la soberanía.

El enojo surgió de múltiples sectores, incluso desde partidos cercanos a la ideología liberal. Santiago Cafiero, ex canciller bajo la presidencia de Fernández de Kirchner, denunció en X: “No hay autodeterminación después de la ocupación y la expulsión. Lo que vimos fue una claudicación”.

La posición británica y el referéndum de 2013

En 2013, un referéndum organizado por las autoridades locales de las islas mostró un 99,8% de apoyo de los residentes a seguir siendo un territorio de ultramar del Reino Unido. Argentina, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, rechazó los resultados al considerar que los votantes no formaban parte de una comunidad originaria y que eran, en esencia, colonos británicos.

Este diferendo en torno al principio de autodeterminación ha sido uno de los mayores obstáculos en la vía diplomática para resolver la controversia. Para el gobierno argentino, no puede haber autodeterminación sin descolonización previa.

Milei y su admiración por Thatcher

A lo anterior se suman las múltiples declaraciones pasadas de Milei en las que manifestó su admiración por la exprimera ministra Margaret Thatcher, figura odiada en amplios sectores de la sociedad argentina por su rol en la Guerra de Malvinas.

Durante su campaña presidencial de 2023, Milei generó intensa polémica al calificar a Thatcher como “una gran líder del mundo libre” y no retractarse al ser confrontado por periodistas y familiares de ex combatientes. Su afinidad ideológica con el liberalismo anglosajón —en particular con el legado de Reagan y Thatcher— ha sido constante, incluso en su discurso actual como presidente.

Una narrativa dividida en el gobierno

Las tensiones se acentuaron cuando la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya familia tiene lazos directos con el conflicto —su padre combatió en la guerra—, decidió encabezar un acto paralelo en Ushuaia, al sur del país. Desde allí, y casi como una réplica directa, expresó:

“Nuestro país debe definir una política de defensa nacional clara e inequívoca”, agregando un mensaje directísimo hacia la Casa Rosada: “Sin soberanía no hay Nación”.

Villarruel fue recibida con gritos de “¡Viva la patria!” y contó con el apoyo de ex combatientes y organizaciones militares, que aprovecharon la ocasión para expresar indignación por las palabras de Milei.

¿Cambio de estrategia o marketing geopolítico?

Fuentes del Ministerio de Defensa negaron que las palabras del presidente signifiquen un cambio real en la política del reclamo. El ministro Luis Petri aseguró que “no se está renunciando a nada” y que Milei “apuesta a seducir a los isleños a través del poderío de la nación argentina”.

Expertos en relaciones exteriores han advertido que este enfoque podría responder a una lógica más pragmática. La política exterior de Milei ha estado marcada por su afinidad con Estados Unidos e Israel, además de un cuestionamiento permanente a organismos como la CELAC o el MERCOSUR.

“Al quitarle la urgencia confrontativa al tema, Milei busca posicionarse como un líder moderno y ejecutivo, que no se ata a dogmas de la política exterior tradicional argentina”, explica el analista Jorge Castro, en una columna publicada en Infobae.

El recuerdo del sacrificio argentino y el dolor de las familias

Es inevitable que cualquier debate sobre Malvinas arrastre consigo emociones viscerales. La guerra de 1982 no fue un conflicto lejano: afectó a miles de familias, marcó el fin de la dictadura militar y dejó a cientos de jóvenes argentinos con secuelas físicas y psicológicas profundas.

Para muchos, cualquier intento de reinterpretar la causa en clave geopolítica resulta ofensivo. En redes sociales y en medios de comunicación, veteranos y familiares de caídos han expresado su dolor al sentir que el presidente parecía “romantizar” una hipotética y poco realista elección por parte de los isleños.

El rol del nacionalismo argentino en la política actual

La causa Malvinas en Argentina ha funcionado, históricamente, como un elemento integrador y transversal. Gobiernos peronistas, radicales y hasta tecnocráticos han coincidido en mantener el reclamo y renovar el reclamo diplomático anual, incluso ante las Naciones Unidas.

El giro discursivo de Milei amenaza con romper ese consenso. O al menos, con generar una polarización que trasciende partidos y entra en el terreno simbólico. “Es como si se pusiera en duda uno de los pocos acuerdos que nos juntaban como país por encima de ideologías”, escribió el periodista Alfredo Zaiat en Página 12.

Un mensaje hacia afuera con consecuencias internas

Las declaraciones de Milei no se dieron en el vacío. En medio de un período de fuerte ajuste económico, alta inflación y creciente descontento social, el presidente parece buscar oxígeno político en el plano internacional. A diferencia de gobiernos anteriores, su administración no ha priorizado una política latinoamericanista ni ha apostado por alianzas regionales. Ha elegido, en cambio, cultivar vínculos con aliados estratégicos como Estados Unidos o Israel, y reducir el peso de lo simbólico en favor de lo pragmático.

Pero en un país como Argentina, donde lo simbólico puede ser tan o más importante que lo racional, esa estrategia conlleva enormes riesgos.

La autodeterminación como nueva narrativa

Milei apuesta por el poder de atracción. Como quien plantea una competencia de modelos, sostiene que si Argentina se convierte en una potencia próspera, los isleños —por cuenta propia— querrán pertenecer a ella. Pero esa visión choca directamente con la interpretación clásica del reclamo soberano argentino, que se niega a legitimar cualquier acción anclada en la autodeterminación de los habitantes actuales del archipiélago.

Lejos de calmar tensiones, sus palabras generaron cuestionamientos dentro del propio gobierno y un fuerte rechazo desde la oposición: ¿puede un presidente relativizar así un símbolo central de la identidad nacional? ¿Es esto parte de una nueva doctrina o un desliz retórico?

Por lo pronto, la política de Malvinas como causa común está crujiendo. Y la figura de Javier Milei, que disfruta polarizar con todos los frentes internos, no parece tener problema alguno en hacerlo también con uno de los pilares del nacionalismo argentino.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press