¿Quién protege a quién? El caso Nyah Mway y el eterno dilema de la fuerza letal policial

La muerte de un adolescente refugiado en Utica revive debates sobre justicia policial, prejuicio, racismo y la criminalización de comunidades migrantes

Por qué un niño de 13 años terminó muerto a manos de la policía y por qué eso debería importarnos.

Una bala en el pecho y muchas preguntas abiertas

Nyah Mway tenía 13 años. Era hijo de refugiados de la etnia Karen de Myanmar y había encontrado algo parecido a la estabilidad en Utica, Nueva York, una ciudad que recibe a miles de refugiados anualmente. Pero, el 28 de junio de 2024, su historia terminó abruptamente con un disparo en el pecho.

Ese día, los oficiales de policía de Utica, incluida la del oficial Patrick Husnay, abordaron a Mway bajo sospecha de haber participado en un robo a mano armada la noche anterior. Al intentar ser registrado, Nyah huyó. En la persecución, extrajo un arma de aire comprimido que parecía una pistola auténtica y apuntó a los oficiales. Husnay lo alcanzó, lo derribó al suelo y disparó una sola bala que terminó con su vida. La revisión del caso por parte de la fiscal estatal Letitia James concluyó que no se presentarán cargos: se determinó que Husnay actuó en legítima defensa.

Un juicio perdido antes de empezar: la ley de justificación en Nueva York

La ley estatal permite a los policías usar fuerza letal si creen que otra persona amenaza con fuerza letal. La clave aquí está en la palabra cree. Aunque el arma de Mway era una réplica de plástico sin capacidad letal, los videos policiales muestran que visualmente era indistinguible de una pistola Glock 17. No llevaba la banda naranja que ayuda a diferenciar armas recreativas de reales.

Que el oficial disparó por miedo o por impulso es algo que probablemente nunca sabremos. Legalmente, solo se requiere que creyese que estaba en peligro. El fallo nos recuerda que el estándar legal para enjuiciar a la policía no es la realidad de la amenaza, sino la percepción subjetiva del agente.

¿Quién era Nyah Mway?

Nyah era mucho más que un nombre en un titular trágico. Era un refugiado de 13 años, había terminado la secundaria y se preparaba para su primer año en la preparatoria. Su familia huyó de una guerra civil cruel en Myanmar, donde la minoría étnica Karen sigue luchando por su existencia frente al régimen militar. Utica es hogar de aproximadamente 4,200 personas de Myanmar, muchas de ellas de la comunidad Karen.

En su comunicado tras la publicación del informe de James, la familia expresó: “Sabemos lo que perdimos. Sabemos lo que experimentamos. Nyah merecía crecer. Nosotros merecemos vivir en una comunidad donde niños como él son protegidos, no perseguidos.”

El arma que no era: realidades sobre réplicas y decisiones letales

Aunque algunos fabricantes de armas de aire comprimido incorporan bandas naranjas como medida de seguridad, no todos lo hacen, y no es legalmente requerido en todos los estados. El arma que usaba Nyah era tan visualmente indistinguible de un arma real que incluso en las fotos publicadas por la policía es difícil notar la diferencia.

El uso de armas de juguete, pistolas de balines o réplicas es común entre adolescentes. Entre 2015 y 2021, al menos 245 personas en EE. UU. fueron baleadas por portar réplicas de armas de fuego, según datos de la ONG Mapping Police Violence, y de ellas, 66 eran menores de edad.

¿Un crimen o una tragedia inevitable?

Los reportes oficiales indican que el oficial actuó según la ley. Pero incluso si la ley lo ampara, ¿es esto lo correcto? Mway ya había sido derribado al suelo y estaba siendo inmovilizado. En el video se oyen gritos de “¡arma!” y luego se escucha un disparo, mientras los agentes forcejean con él. Desde distintos ángulos, la crítica volvió al mismo punto: ¿por qué fue necesario disparar?

El argumento de la policía es que todo sucedió en fracciones de segundo. El caos, la tensión, el temor, crearon una tragedia que nadie deseaba. Sin embargo, los familiares y líderes comunitarios recuestionan: ¿acaso Nyah no representaba ninguna amenaza real ya cuando estaba sometido en el suelo?

Refugiados, racismo y criminalización

Los Karen son una minoría perseguida, desplazada por la violencia étnica desde los años 70. En Myanmar vivían bajo constante amenaza. A su llegada a EE. UU., buscaron refugio, educación y prosperidad. Pero Utica no es inmune al racismo estructural.

Los jóvenes de comunidades refugiadas cargan el estigma de ser “sospechosos”. En este contexto, la simple coincidencia de que Nyah “coincidía con la descripción del sospechoso” basta para desencadenar una cadena de eventos donde la vida de un chico puede extinguirse en segundos.

“Estamos destrozados, pero agradecidos”: la ambivalencia de la comunidad

En su declaración, la familia agradeció que la fiscalía investigara el incidente. A pesar de disentir con las conclusiones, fue importante para ellos ser escuchados. El jefe de la policía de Utica y el alcalde emitieron un comunicado conjunto donde afirmaron que mantienen “relaciones aún más fuertes hoy” con la comunidad Karen.

Ese tipo de reconocimiento, aunque necesario, no devuelve la vida perdida. No sana la herida.

El legado de Nyah Mway: más allá de un archivo cerrado

Sin cargos penales contra el policía, probablemente no habrá juicio. Pero el caso de Nyah se suma a una larga lista de muertes de adolescentes a manos de la policía bajo circunstancias cuestionables. Como Mapping Police Violence apunta, en 2023, 1,221 personas murieron durante interacciones con la policía en EE. UU. El 26% eran afroamericanos, a pesar de representar solo el 13% de la población.

Los datos muestran además que las personas no blancas tienen más del doble de probabilidades de ser asesinadas por la policía que las blancas, incluso cuando están desarmadas.

Nyah Mway era un niño. Quizás cometió un error al portar un arma de juguete. Quizás el miedo lo hizo huir. Pero no robó, no disparó, no mató. Sus acciones no fueron perfectas, pero no merecían costarle la vida.

¿Dónde está la rendición de cuentas?

La decisión de la fiscal James de no presentar cargos es legalmente coherente, pero moralmente inquietante. ¿Cuándo los errores de percepción deben ser penalizados? ¿Qué consecuencias hay por equivocarse y matar a un menor inocente?

La familia exigía algo más que un resultado legal: pedía una mirada humana, una reevaluación de cómo se forman a los oficiales de policía y cómo se aborda la interacción con comunidades migrantes. En ese sentido, el caso de Nyah es un ejemplo profundo de cómo la “justicia” formal puede distar enormemente de la justicia social.

Un llamado a reevaluar el uso de la fuerza

El tiroteo de Nyah se suma a los de Tamir Rice (12 años, asesinado por la policía en Ohio en 2014 por portar una pistola de juguete) y Andy López (13 años, asesinado en California en 2013 por razones similares). Todos menores, todos portaban réplicas, todos fueron abatidos por policías que “temieron por su vida”.

Estos patrones merecen algo más que investigaciones internas y renuncias. Exigen políticas de intervención no letal, mejor entrenamiento en identificación de amenazas, y sobre todo, reconstrucción de confianza con comunidades vulnerables.

¿Hay espacio para la esperanza?

El dolor de la familia Mway no se curará con informes. Pero podría canalizarse en acción. La discusión en Utica no ha terminado. Grupos locales y organizaciones de derechos civiles están intensificando sus esfuerzos en educación legal, acompañamiento comunitario y campañas para reducir el uso letal de la fuerza contra menores.

Nyah Mway quizás no pensaba en convertirse en símbolo de nada. Pero ahora su nombre se suma al triste inventario de víctimas que revelan cómo la línea entre protección y persecución puede borrar vidas enteras en segundos.

¿Cuántas más tendrán que perder la vida antes de que el sistema entienda que proteger no significa disparar?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press