Opera, algoritmos e inteligencia emocional: cuando Mozart se encuentra con la IA

La producción 'Cosi fan tutte' del Detroit Opera explora el amor, el engaño y la humanidad en una era dominada por la tecnología

La mezcla entre arte clásico e innovación tecnológica parece cada vez más inevitable. Y en un mundo donde la inteligencia artificial (IA) avanza a pasos agigantados, el director Yuval Sharon ha decidido juntar lo impensable: Mozart y algoritmos. Su nueva producción de Cosi fan tutte en el Detroit Opera no solo es un festín auditivo, sino también una reinterpretación provocadora y necesaria en la era del machine learning.

Una ópera clásica con un giro contemporáneo

‘Cosi fan tutte’, compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart con libreto de Lorenzo Da Ponte, tuvo su estreno en 1790 y ha sido considerada durante mucho tiempo la más problemática del famoso trío de colaboraciones entre compositor y libretista. El argumento, una apuesta cínica sobre la fidelidad femenina, ha sido objeto de críticas por su aparente misoginia.

Don Alfonso, el personaje que impulsa toda la trama, somete a prueba la lealtad de dos jóvenes parejas mediante engaños y disfraces, convencido de que «todas son iguales» (de ahí el título). Las mujeres, Fiordiligi y Dorabella, eventualmente sucumben al cortejo de los hombres —quienes en realidad son sus propios prometidos disfrazados— confirmando así, al parecer, la tesis del «filósofo» Alfonso.

De filósofo a tecnólogo: Don Alfonso lidera una startup de IA

Es aquí donde Yuval Sharon le da un giro radical: Don Alfonso no es un filósofo burlón, sino el CEO de una compañía de tecnología de inteligencia artificial llamada SoulSync. Bajo su liderazgo, los protagonistas masculinos crean dos "autómatas femeninas" para simular a sus supuestas novias ideales en un experimento de emociones, fidelidad y programación de sentimientos.

“Hay una creencia mesiánica en el mundo tech de que debemos trascender nuestra humanidad”, comenta Sharon. “Don Alfonso no está lejos de ese tipo de personalidad: alguien que cree que la IA puede corregir nuestras fallas humanas”.

Replanteando los roles de género

Sharon no solo actualiza el concepto, también reinterpreta profundamente los papeles femeninos. Thomas Lehman, barítono que interpreta a Guglielmo, señaló: “El libreto original tiende mucho hacia los hombres. Yuval ha logrado balancearlo, dando a las mujeres la fuerza que merecen”.

Emily Fons, mezzosoprano a cargo de Dorabella por tercera vez, afirma que esta versión se conecta con un movimiento más grande: “Buscamos formas de tomar piezas antiguas y hacer algo nuevo. Aunque los autómatas están programados, el verdadero mensaje es cómo aprenden a sentir y tomar control de su destino”.

Para Sharon, el viaje de las mujeres desde lo mecánico hacia lo humano es el verdadero centro emocional de la obra: “Se transforman frente a nuestros ojos, mientras los hombres se vuelven cada vez más unidimensionales”.

El magnetismo del pasado

La semilla de esta reinterpretación nació, curiosamente, de una escena antigua. En el acto I, la sirvienta Despina se disfraza de médico y usa un imán para “curar” a los hombres en coma fingido por un supuesto veneno. Esta referencia no es menor: proviene de las teorías del médico Franz Mesmer —amigo de Mozart— quien creía en el “magnetismo animal”.

“Mirando una producción tradicional, me pregunté: ¿qué hace ese imán ahí?” recuerda Sharon. Esta chispa inspiró su conexión entre IA moderna y antiguos intentos médicos de manipulación emocional.

La IA como metáfora operística

Convertir una obra de 233 años en un escenario tecnológico podría parecer arriesgado, pero toca una fibra muy actual. ¿Estamos dejando de ser humanos cada vez que esperanzamos en algoritmos para garantizar nuestras relaciones personales y decisiones afectivas?

De hecho, algunos estudios ya muestran cómo la tecnología está influyendo en la manera en que nos vinculamos. Según Pew Research, el 30% de los adultos en EE.UU. han usado apps de citas online, lo cual sugiere una creciente intervención del mundo digital en nuestras relaciones más íntimas. Esta tendencia es amplificada por tecnologías basadas en inteligencia artificial, como chatbots o asistentes conversacionales, que ya han sido “adoptados” como amigos virtuales por cientos de miles de usuarios en plataformas como Replika o Glow AI.

Sharon ve a Cosi fan tutte como una especie de advertencia elegante. “No es tanto sobre lo que puede hacer la tecnología”, dice, “sino sobre lo que decimos de nuestra propia humanidad al confiar tanto en ella”.

La ópera y la ética de la tecnología

Aunque presentada como comedia, esta versión plantea preguntas éticas importantes:

  • ¿Puede la IA entender y replicar emociones humanas?
  • ¿Cuál es el límite entre creación y manipulación emocional?
  • ¿Estamos sustituyendo relaciones humanas con interacciones programadas?

En un contexto donde gigantes tecnológicos como OpenAI, Google DeepMind y Anthropic desarrollan modelos cada vez más sofisticados que imitan la conversación natural humana, la reflexión artística se vuelve más urgente.

Incluso, en el mundo de las artes plásticas y la música, existen ya ejemplos de piezas creadas completamente por inteligencia artificial. Sin embargo, ¿puede una máquina capturar y transmitir lo que verdaderamente significa ser humano?

El futuro de las artes escénicas ante la inteligencia artificial

Lejos de reemplazar el arte tradicional, Sharon explora las posibilidades de fusionarlo con la tecnología de manera crítica. En lugar de temerle a la IA, la convierte en herramienta narrativa para profundizar las preguntas esenciales del amor, el deseo y la libertad personal.

Tal vez, este experimento marca una nueva generación de ópera que no solo rejuvenece al público, sino que también dialoga con las tensiones filosóficas de nuestra era. Ya no basta con una escenografía de época o canto virtuoso; ahora se requieren ideas que resuenen en un mundo atravesado por datos, algoritmos y decisiones automatizadas.

Una puesta en escena para sorprender y cuestionar

El toque final de Sharon es tan ingenioso como efectivo: en el programa de mano, la sinopsis de la historia termina repentinamente después del primer acto. El público es advertido que suprimieron intencionalmente el resumen del acto II para evitar spoilers. Una forma más de subrayar la experiencia como acto activo y no solo pasivo.

Esta producción de Cosi fan tutte, que se presenta hasta el 10 de abril en la Detroit Opera House, es más que una versión moderna: es una declaración cultural, casi subversiva, sobre cómo entendemos nuestras emociones y nuestros vínculos en la era de la inteligencia artificial.

¿Puede una ópera del siglo XVIII decirnos algo relevante sobre Alexa, el amor líquido y la ética de los algoritmos? Esta puesta en escena asegura que sí.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press