Francisco, entre la fragilidad y la fe: el Papa en su lucha contra la enfermedad y su legado espiritual
Tras superar una neumonía potencialmente mortal, el Papa Francisco retoma su labor desde el Vaticano mientras avanza en santificar mártires y ejemplos de fe alrededor del mundo
Por Redacción Especial
El Papa Francisco se encuentra de regreso en el Vaticano luego de una hospitalización crítica que lo mantuvo bajo vigilancia médica constante durante cinco semanas. A sus 88 años de edad, el pontífice argentino ha demostrado una resiliencia imponente y una profunda voluntad de seguir adelante con su compromiso pastoral, pese a los riesgos que afrontó por una doble neumonía y una infección micótica que aún persiste. Desde Santa Marta, el hotel-residencia dentro del Vaticano, el Santo Padre ha reanudado actividades gradualmente, manteniendo sesiones de trabajo, celebraciones religiosas e incluso decisiones trascendentales en su papel como líder espiritual de 1.300 millones de católicos en el mundo.
El retorno desde el umbral de la muerte
El pasado 14 de febrero, Francisco fue ingresado en la clínica Gemelli de Roma con una grave infección respiratoria. Ocho días después, su estado se agravó al punto de que, según el Dr. Sergio Alfieri —jefe del equipo médico que lo trató—, el Santo Padre estuvo "al borde de la muerte". La situación obligó a tomar medidas médicas "decisivas y arriesgadas", a las que el Papa accedió plenamente consciente de los peligros implicados para sus órganos vitales.
Finalmente, el 23 de marzo regresó al Vaticano para continuar su recuperación. Desde entonces, ha recibido visitas médicas semanales y sigue un estricto régimen de reposo físico y rehabilitación respiratoria. Aún tiene restricciones importantes: no se permiten audiencias masivas ni visitas oficiales, y su participación en la Semana Santa sigue siendo una incógnita.
"La voz del Papa mejora día a día"
Un comunicado reciente del Vaticano confirmó avances alentadores en su salud: "El Papa continúa con la terapia física y respiratoria, con resultados esperados, lo que supone también una mejora en su voz". Se encuentra con buen ánimo, trabajando parcialmente desde su escritorio y concelebrando misa de manera privada. Además, no ha dejado de recibir mensajes de cariño del mundo entero.
Nuevos santos: mártires de la fe desde Venezuela y Papúa Nueva Guinea
Desde su modesta habitación de Santa Marta, Francisco aprobó recientemente tres importantes decretos de canonización que tocan fibras históricas y espirituales profundas.
Entre los nuevos beatos canonizados destaca Pedro To Rot, un laico papú considerado mártir por morir en prisión durante la Segunda Guerra Mundial por negarse a renunciar a su fe cristiana.
También fue declarada santa Madre María del Monte Carmelo, fundadora venezolana de una congregación religiosa que desarrolló su labor en tiempos difíciles, guiada por una fe inquebrantable. Finalmente, se da el paso hacia la canonización del Arzobispo Ignatius Maloyan, asesinado en 1915 junto con 13 sacerdotes cuando se negó a abandonar el cristianismo durante las masacres del Imperio Otomano contra el pueblo armenio.
La decisión es significativa no solo en lo religioso, sino también en lo político. El caso de Armenia ha sido largamente considerado por expertos y académicos como el primer genocidio del siglo XX, con unas 1.5 millones de víctimas mortales. Turquía, sin embargo, sigue negando oficialmente que se tratara de un genocidio, algo que ha generado tensión diplomática con varios países.
Un Papa que no se detiene
Desde sus primeros años como sucesor de Pedro, Francisco ha dado muestras de no querer ser un pontífice de protocolo. Más aún, se ha caracterizado por una acción pastoral profundamente activa. Desde las reformas dentro del Vaticano, su cercanía con los pobres y excluidos hasta su visión ecológica en Laudato Si', su liderazgo rompe esquemas tradicionales.
Incluso ahora, en plena convalecencia, retoma parte de su agenda con un enfoque práctico y espiritual. Es notable que, a pesar de que se le indicó un descanso de al menos dos meses, el Papa continúe trabajando desde su escritorio, firmando decretos y manteniéndose al tanto de la actualidad internacional, incluyendo los focos de conflicto en Ucrania, la Franja de Gaza y Sudán.
La Iglesia Católica nunca ha estado exenta de tensiones geopolíticas. Pero bajo Francisco, se ha enfatizado una política de diplomacia activa. En el contexto actual —con guerras abiertas, crisis migratorias y persecuciones religiosas— el Papa juega un papel clave como mediador y portavoz moral a nivel internacional.
Cuidado médico continuo y un futuro incierto
El Dr. Alfieri, cirujano que ya había operado al Papa en 2021 del colon, lidera un equipo médico que monitorea semanalmente sus condiciones. Aunque se ha descartado una nueva complicación pulmonar aguda, todavía carga con una infección fúngica que requiere tratamiento prolongado.
Esta situación abre preguntas importantes sobre la longevidad del pontificado. ¿Podrá Francisco continuar al frente de la Iglesia durante los próximos años? ¿Volverá a considerar la posibilidad de renunciar, como hizo su predecesor Benedicto XVI en 2013, alegando falta de fuerzas? Hasta el momento, Francisco no ha indicado tal intención, y por el contrario, insiste en seguir adelante “mientras Dios lo permita”.
Detrás del líder: Francisco y su filosofía del sufrimiento
Francisco ha hablado numerosas veces de su visión del dolor y la enfermedad como parte integrante de la vida cristiana. En palabras suyas:
“El sufrimiento no es un castigo, sino una vía privilegiada de encuentro con el Señor, un terreno fértil para la gracia”.
En este sentido, su enfermedad podría verse también como un testimonio de fe. No se ha presentado como una víctima, sino como un servidor que, incluso desde la debilidad, desea seguir evangelizando. Esto refuerza la conexión emocional que muchas personas sienten hacia él, sobre todo quienes enfrentan condiciones de salud similares.
Además, su experiencia médica podría tener implicaciones más allá de lo personal. Él mismo ha abogado por el acceso universal a la salud, criticando las inequidades que afectan a millones de personas en países en desarrollo. No sería de extrañar que, una vez recuperado, refuerce aún más su discurso sobre derechos humanos y justicia social en el ámbito sanitario.
Mirando hacia la Pascua
La próxima gran cita del Vaticano es la Semana Santa, cuyo punto culminante es la celebración de la Pascua el 20 de abril. Hasta el momento, no se ha confirmado públicamente si el Papa podrá presidir estos eventos, que suelen implicar multitudes masivas —algo contraindicado por sus médicos.
No obstante, se contempla la posibilidad de que Francisco participe remotamente —vía video— o que reduzca al mínimo su presencia física, delegando funciones litúrgicas importantes al Cardenal Giovanni Battista Re o al Cardenal Pietro Parolin.
Un pontificado resiliente y activo
La historia nos recuerda pontificados largos pero discretos como el de León XIII, que murió a los 93 años en 1903; o los más contemporáneos como el de Juan Pablo II, cuya salud deteriorada en sus últimos años nunca lo alejó del pueblo católico. En ambos casos, la fragilidad física no impidió un legado espiritual de profundos alcances.
En este sentido, Francisco parece seguir ese mismo camino. Su actual etapa de fragilidad física no ha hecho más que humanizar su figura y reafirmar su entrega. Mientras el mundo observa con atención, el Papa continúa cumpliendo con su deber, sostenido por su fe y la oración de millones de creyentes que lo ven no como un líder institucional, sino como un pastor que no se rinde.