Espionaje, soberanía y tensiones históricas: la crisis diplomática entre Paraguay y Brasil
La revelación de operaciones de inteligencia brasileñas contra funcionarios paraguayos reaviva heridas del pasado y paraliza las negociaciones sobre la represa de Itaipú
En una sacudida diplomática que ha remecido el Cono Sur, el gobierno paraguayo anunció el retiro de su embajador en Brasil luego de que se revelara que agentes de inteligencia brasileños espiaron a funcionarios paraguayos en 2022. La noticia, confirmada por el propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, ha paralizado además las delicadas negociaciones en torno a la represa binacional de Itaipú, un proyecto hidroeléctrico colosal compartido entre ambas naciones, pero también una fuente constante de disputas, asimetrías económicas y resentimientos históricos.
Un escándalo de espionaje con raíces políticas y energéticas
El detonante de esta crisis fue la admisión por parte de las autoridades brasileñas de que, durante el gobierno del expresidente Jair Bolsonaro, la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) llevó a cabo una operación de espionaje contra Paraguay. Según publicó el medio brasileño UOL, dicha operación habría infiltrado sistemas informáticos del país vecino con el objetivo de extraer información clave sobre las negociaciones tarifarias relacionadas con la represa de Itaipú.
El gobierno paraguayo reaccionó con indignación. Rubén Lezcano, el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, declaró ante los medios: “Se trata de una violación del derecho internacional, una injerencia directa en los asuntos internos de nuestro país. Estamos bajo ataque, y el ministerio está tomando todas las acciones necesarias para defender nuestra información confidencial”.
Por tanto, Paraguay decidió suspender indefinidamente las negociaciones con Brasil sobre Itaipú y llamó a consultas a su embajador en Brasilia. A la vez, el embajador brasileño en Asunción fue citado para dar explicaciones formales sobre la operación de inteligencia.
Itaipú: una joya energética y una cicatriz nacional
Con una capacidad de generación cercana a los 14.000 megavatios, Itaipú es una de las mayores represas hidroeléctricas del mundo. Esta titánica obra de ingeniería fue construida en los años 70 como fruto de un acuerdo entre Brasil y Paraguay. Sin embargo, la letra chica del tratado continúa generando controversia.
Según el tratado original, Paraguay debe vender a Brasil toda la energía que no consume a nivel interno, y no puede comercializarla con terceros países. Si bien se trata de una cláusula jurídica, muchos paraguayos la consideran una ofensa a su soberanía energética. En palabras del historiador paraguayo Ricardo Scavone:
“Paraguay es dueño del 50% de la energía de Itaipú, pero solo consume entre el 20% y el 25%. El resto va a Brasil a un precio pactado y desventajoso. Esta situación ha sido vista desde hace décadas como una forma de neocolonialismo energético.”
No es sorpresa entonces que cualquier negociación sobre Itaipú sea sumamente sensible. En 2019, un borrador de acuerdo secreto sobre la tarifa energética ya había provocado una crisis interna en Paraguay que desembocó en la renuncia de altos funcionarios del gobierno del entonces presidente Mario Abdo Benítez. Y ahora, tras los informes de espionaje, la crisis se eleva al ámbito bilateral.
La sombra de Bolsonaro y tensiones regionales
El escándalo pone nuevamente en tela de juicio el uso político de las instituciones en la era Bolsonaro. Aunque el actual gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva insistió en que la práctica de espionaje se detuvo inmediatamente tras conocerse, evitó dar detalles sobre la operación o los funcionarios paraguayos involucrados.
Esta actitud ha generado más preguntas que respuestas y, lo más preocupante para la diplomacia brasileña, ha dañado la confianza con un socio estratégico. La oposición paraguaya también ha aprovechado el escándalo para exigir una posición más firme del gobierno, argumentando que Paraguay ha sido sistemáticamente ignorado o rebajado por Brasil en asuntos clave.
Según el analista político brasileño Guilherme Casarões:
“Este caso es una muestra clara del legado del bolsonarismo: un enfoque agresivo, cortoplacista y nacionalista que no mide las repercusiones internacionales. Espiar a un socio como Paraguay, y además en un tema tan trascendental como Itaipú, es una provocación absolutamente innecesaria que ahora pagará Lula, quien ni siquiera fue responsable.”
Una relación marcada por la historia
Para entender la dimensión emocional del conflicto, hay que remontarse a la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), cuando Brasil, Argentina y Uruguay invadieron Paraguay. Esta guerra devastó al país guaraní: perdió casi una cuarta parte de su territorio y hasta el 70% de su población masculina.
Ese trauma colectivo aún persiste en la memoria paraguaya y alimenta una relación desigual y recelosa con Brasil. Muchos en Paraguay ven a su vecino como una potencia dominante cuyos intereses suelen imponerse; desde acuerdos económicos hasta presencia militar en la frontera o políticas migratorias.
Y ahora, con esta revelación de espionaje, esas heridas vuelven a abrirse.
¿Y ahora qué? Un camino diplomático complejo
Pese a la gravedad de los hechos, todavía no se ha roto la relación diplomática entre los países. Las embajadas siguen funcionando y ambos gobiernos insisten en mantener canales de diálogo abiertos.
El canciller paraguayo ha asegurado que esperarán una explicación clara por parte de Brasil antes de reanudar cualquier tipo de negociación. Por su parte, el gobierno del presidente Lula ha subrayado su interés en mantener una relación armónica con Asunción, e incluso ha sugerido una auditoría interna para investigar las acciones de ABIN.
Esta no es la primera vez que Brasil es acusado de espionaje. En 2013, documentos filtrados por Edward Snowden revelaron que la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. (NSA) había espiado a la entonces presidenta Dilma Rousseff. Las consecuencias diplomáticas fueron inmediatas y tensas. Hoy, Brasil se ve en el otro lado del espejo.
¿Un antes y un después para Itaipú?
La revisión del tratado de Itaipú era uno de los temas más esperados para este 2024. Según los términos del acuerdo original, a partir de 2023 se debía abrir un nuevo proceso de renegociación sobre la tarifa y distribución de la energía.
Pero este escándalo podría ralentizar o incluso congelar esas discusiones. Lezcano fue tajante al afirmar que no se reanudarán las negociaciones hasta que Brasil dé una justificación exhaustiva y convincente de lo ocurrido.
Mientras tanto, organizaciones ciudadanas paraguayas exigen transparencia y alertan sobre la posibilidad de renegociar el tratado en condiciones desfavorables si no se restaura plenamente la confianza bilateral.
Un símbolo de unidad hecho añicos
Itaipú, más que una represa, ha sido presentada durante décadas como un símbolo de integración energética, cooperación regional y desarrollo sustentable. Pero tras este escándalo, muchos observadores creen que también se ha convertido en la imagen más clara de los desequilibrios históricos entre Brasil y Paraguay.
El futuro inmediato parece incierto. La relación entre ambos países está en uno de sus puntos más bajos de las últimas décadas y cualquier intento de reconciliación dependerá del grado de transparencia que Lula esté dispuesto a adoptar, y del nacionalismo creciente que pueda avivarse en Paraguay.
En una América Latina todavía marcada por asimetrías entre potencias regionales y países más pequeños, este incidente es una dura lección sobre la fragilidad de la confianza diplomática. La verdadera pregunta es si Itaipú seguirá siendo una fuente de energía… o un barril de pólvora encubierto por cientos de megavatios.