El lado oscuro del deporte olímpico: el caso Grace Boutot y la necesidad urgente de proteger a los atletas

El escándalo que sacude al equipo paralímpico estadounidense expone fallas sistémicas en la protección de jóvenes deportistas y obliga a repensar el papel de las instituciones deportivas

Grace Boutot quería volar alto. Soñaba con las medallas, con representar a su país. Pero su historia, como la de muchas otras atletas, fue truncada por una realidad que aún se resiste a cambiar: el abuso en el deporte profesional.

En marzo de 2024, el Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos (USOPC) despidió a Gary Colliander y Eileen Carey, en un caso que ha vuelto a poner bajo la lupa la estructura de protección de los atletas jóvenes en el país. La noticia llegó tras una investigación interna y tras revelaciones de que Colliander había sido acusado de abuso sexual por Grace Boutot, una biatleta estadounidense que intentó suicidarse en 2010 a raíz del trauma sufrido.

¿Quién es Grace Boutot?

Grace Boutot nació y creció en Fort Kent, Maine. Desde pequeña, su vida giró en torno a la nieve, los entrenamientos y el biatlón, el exigente deporte que combina esquí de fondo y tiro al blanco. A los 15 años, entró en el radar del Maine Winter Sports Center, una institución de desarrollo deportivo que buscaba formar a futuros campeones olímpicos.

Allí fue donde su camino se cruzó con Gary Colliander, su entonces entrenador, quien pronto comenzó a prestarle una atención desmesurada. Con el tiempo, esa atención pasó de los elogios profesionales a las caricias inapropiadas. Según recoge el testimonio de Boutot y de su terapeuta, Jacqueline Pauli-Ritz, el abuso escaló a contacto sexual no consentido una vez que la joven cumplió los 18 años.

"Me rogaba constantemente que se detuviera, pero no lo hacía", declaró Boutot, quien, a pesar de su juventud, se dio cuenta pronto de que algo estaba terriblemente mal.

El impacto emocional: más allá del deporte

La deportista cayó en una depresión severa. Empezó a autolesionarse, en silencio, mientras mantenía su imagen de atleta disciplinada. En septiembre de 2010, su terapeuta advirtió directamente a Colliander del peligro para la salud mental de Grace. Pero nada cambió.

Un mes después, Boutot intentó suicidarse durante un campamento de entrenamiento en Utah, consumiendo una sobredosis de antidepresivos. Solo entonces, Colliander presentó su renuncia. Fue reemplazado y rápidamente contratado por otra organización deportiva en Colorado. En 2016, fue incluso ascendido dentro del equipo paralímpico estadounidense.

Una red que protegía al agresor y abandonaba a la víctima

Lo verdaderamente alarmante es que varios ejecutivos del Maine Winter Sports Center —como Eileen Carey, quien luego trabajó como directora de alto rendimiento en el Comité Paralímpico— estaban al tanto de las quejas de la madre de Grace. En correos electrónicos revelados por la prensa, Carey afirmaba estar "trabajando mucho" para generar cambios. Sin embargo, ninguna investigación se llevó a cabo. Carey nunca alertó formalmente a las autoridades, ni propuso medidas disciplinarias.

La familia Boutot recurrió al sistema legal. En 2011, presentaron una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de Maine, denunciando no solo el abuso sexual, sino también represalias institucionales: le fueron retirados los fondos para entrenamientos, competencias, equipamiento y vivienda. Todo eso obligó a la joven atleta a dejar la competencia deportiva.

Finalmente, el centro aceptó un acuerdo económico extrajudicial por $75,000. Grace tuvo que renunciar a lo que más amaba.

La historia se repite: ¿dónde están las instituciones?

Grace no está sola. Su revelación forma parte de una ola de denuncias similares dentro del deporte olímpico de EE. UU. Desde las revelaciones en el caso de Larry Nassar —el médico de la selección estadounidense de gimnasia que abusó de más de 300 niñas y adolescentes— se han implementado reformas a través del Centro para el Deporte Seguro (SafeSport), fundado para investigar casos de abuso y conducta inapropiada en el ámbito deportivo.

No obstante, el caso Colliander revela fallas continuas y sistémicas. Según afirmó el portavoz del Comité Olímpico, Jon Mason, la institución lanzó una investigación en diciembre de 2023 tras las nuevas revelaciones. El hecho de que no existiera ningún registro público ni sanción previa a pesar de las denuncias personales y los correos evidencia cómo muchas situaciones son enterradas bajo capas de burocracia institucional.

La cultura del silencio y la revictimización

Además del daño físico y emocional, abusos como el que sufrió Grace implican un exilio forzado del ámbito deportivo. Las víctimas son desplazadas, mientras los agresores continúan en sus posiciones de poder. Grace fue aislada por sus compañeros de equipo, acusada de "arruinarles la carrera" al provocar la salida de su entrenador.

Este fenómeno, que los expertos llaman revictimización institucional, agrava el trauma original. En vez de recibir apoyo psicológico, legal y deportivo, muchas víctimas son apuntadas como traidoras o exageradas.

Un sistema que normaliza el desequilibrio de poder

Entrenadores, directores técnicos y staff de alto rendimiento tienen enormes cuotas de autoridad sobre jóvenes deportistas, muchos aún menores de edad. Cuando ese poder no encuentra límites ni canales externos de fiscalización, se convierte en el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de abusos.

En palabras de Karen Gorman, madre de Grace: “El problema no fue solo un entrenador. Fue una cultura que eligió mirar hacia otro lado.”

La respuesta tardía: justicia, ¿pero a qué costo?

Tras el reportaje que sacó a la luz el caso, el Comité Paralímpico finalmente tomó cartas en el asunto. El 14 de marzo de 2024, tanto Colliander como Carey fueron despedidos. Sin embargo, el daño ya está hecho.

El despido repentino, sin comunicado oficial que diera más detalles, y sin entrevistas públicas en las que se asuma responsabilidad institucional, muestra una respuesta reactiva más que preventiva. Como en tantos otros casos, no se reacciona hasta que el escándalo estalla en los medios.

¿Qué podemos aprender?

  • Escuchar y creer a las víctimas. Las historias como la de Grace no deben ser descartadas ni minimizadas.
  • Implementar sistemas de alerta temprana. Los testimonios de padres, terapeutas e incluso entrenadores junior deben canalizarse de forma organizada hacia instancias independientes.
  • Transparencia en las contrataciones. ¿Cómo llegó un entrenador acusado de abuso a ocupar un cargo en el equipo paralímpico?
  • Revisar los contratos y cláusulas de confidencialidad. Muchos acuerdos legales silencian permanentemente a las víctimas.

Más allá del deporte: un llamado cultural

La historia de Grace Boutot es, en muchos niveles, la historia de cómo el poder institucional puede facilitar —o frenar— el abuso. Y también nos recuerda algo importante: el deporte, aunque exalte valores como esfuerzo, ética y sacrificio, no está exento de las sombras del abuso de poder.

Como sociedad, debemos exigir que los organismos deportivos rindan cuentas. La verdadera gloria olímpica no se mide solo en medallas, sino en la integridad con la que se forma a sus atletas.

En medio de un mundo donde aún se glorifica a los entrenadores duros, a la disciplina férrea sin límites y al “todo vale por la victoria”, es urgente preguntarnos: ¿A qué costo estamos formando campeones?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press