El caso Mangione y la justicia federal: ¿pena de muerte o sistema roto?
El brutal asesinato de un CEO, un cuaderno lleno de rencor y la vuelta del brazo más severo del Estado en la era Trump reabren el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos
Un asesinato que sacudió a la élite empresarial
El 4 de diciembre de 2024, Brian Thompson, director general de UnitedHealthcare, la aseguradora de salud más grande de Estados Unidos, fue asesinado a sangre fría mientras caminaba hacia una conferencia en Manhattan. Su muerte ha reavivado viejos debates, mezclado ideología con justicia y puesto la lupa sobre un sistema penal dividido entre penas extremas e ineptitudes administrativas.
Luigi Mangione, un joven de 26 años, fue arrestado cinco días después mientras comía en un McDonald’s en Pennsylvania. Llevaba consigo el arma presuntamente utilizada en el crimen, una identificación falsa y, lo más inquietante, un cuaderno con anotaciones que manifestaban odio contra la industria aseguradora y sus ejecutivos ricos. Entre ellas, una clara admisión: “el objetivo es el seguro” y “hay que eliminar a un CEO”.
Pena de muerte: justicia o venganza política
Pam Bondi, la fiscal general de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, anunció que el gobierno federal buscará la pena de muerte contra Mangione. "Fue una ejecución a sangre fría de un hombre inocente y padre de dos niños. Buscaremos la pena máxima como parte de la agenda del presidente Trump para hacer que Estados Unidos sea seguro de nuevo", declaró Bondi.
Esta decisión no solo tiene implicaciones jurídicas, sino también políticas. Trump, en su nuevo mandato, firmó en su primer día un decreto que obliga al Departamento de Justicia a impulsar la pena capital cuando sea aplicable. Esto revierte drásticamente el rumbo adoptado por su predecesor, Joe Biden, quien había impuesto una moratoria sobre las ejecuciones federales durante su presidencia.
Un país dividido por la pena de muerte
Estados Unidos sigue siendo uno de los pocos países industrializados donde la pena capital aún se aplica. Según el Death Penalty Information Center, en 2023 hubo 24 ejecuciones en todo el país, todas a nivel estatal. Las ejecuciones federales habían quedado suspendidas desde 2003 hasta su reactivación bajo Trump en 2020.
Pero ¿es efectiva esta medida? Numerosos estudios han cuestionado su impacto disuasorio. La Asociación Americana de Criminología concluyó que no existe evidencia concluyente que pruebe que la pena de muerte reduzca el crimen violento más que la cadena perpetua. Además, los costos legales de un proceso de pena capital pueden ser entre 2 y 3 veces más altos que los de una condena de por vida.
El simbolismo detrás del caso
El asesinato de Thompson toca fibras sensibles. No solo se trata de un crimen atroz y premeditado, sino que está impregnado de un simbolismo que resulta incómodo para muchos. Mangione no atacó por motivaciones comunes como dinero o venganza personal, sino por ideología. Veía en la élite aseguradora un enemigo, una estructura corrupta a la que responsabilizaba de injusticias económicas y sociales.
En su cuaderno manifestó odio hacia el sistema que, según él, lucraba con el sufrimiento humano. Aunque sus acciones son condenables, su discurso resuena con una creciente frustración social contra el sistema sanitario estadounidense, donde según datos de Gallup más del 70% de los ciudadanos considera que el sistema necesita cambios fundamentales o una completa revisión.
La doble vía judicial y sus contradicciones
El proceso contra Mangione se llevará a cabo en dos frentes paralelos: estatal y federal. A nivel estatal, enfrenta cargos de asesinato con posible pena de prisión perpetua. A nivel federal, el cargo de "asesinato mediante uso de arma de fuego" permite la solicitud de pena de muerte.
Esta bifurcación judicial plantea preguntas sobre coherencia y eficiencia. ¿Tiene sentido procesar dos veces por el mismo crimen bajo diferentes instancias? Algunos expertos en derecho penal cuestionan esta duplicación como una forma de presión indebida sobre el imputado y un uso excesivo de recursos judiciales.
¿Un caso para ejemplarizar?
Desde la reactivación de la pena de muerte federal bajo Trump, el gobierno ha buscado en ciertos casos hacer 'ejemplos'. Mangione, con su perfil anti-élite y el simbolismo de su víctima, se convierte en un objetivo político perfecto. Ejecutarlo no solo serviría como castigo, sino como una forma de enviar un mensaje: atacar a la estructura económica estadounidense —en este caso, el sistema sanitario privado— tendrá consecuencias extremas.
Sin embargo, esto también levanta banderas de alerta sobre el uso político del aparato judicial. ¿Se está buscando justicia verdadera o una lección moral con fines ideológicos?
Líneas borradas: crimen, salud y desigualdad
Este caso refleja cómo se cruzan sin límite claro crimen, ideología y desigualdad sistémica. Estados Unidos tiene uno de los sistemas de salud más costosos del planeta, y cada vez más personas —particularmente jóvenes como Mangione— sienten frustración, impotencia y resentimiento ante un modelo que les parece inaccesible y abusivo.
Thompson, como representante de una megaempresa con ganancias multimillonarias, terminó encarnando este resentimiento. No fue asesinado por lo que hizo personalmente, sino por lo que simbolizaba. Obviamente, esto no justifica su asesinato, pero explica por qué este crimen resuena más allá del morbo noticioso y entra al debate estructural.
El regreso de Trump y la mano dura
La gestión del caso Mangione es también una señal clara del tono que adopta el nuevo gobierno de Trump. Su política de 'tolerancia cero' vuelve a estar en marcha. Así como reactivó deportaciones agresivas, también busca reinstaurar la pena máxima como herramienta disuasiva.
Según Human Rights Watch, esta política ya ha demostrado ineficacia en el pasado y tiende a afectar de manera desproporcionada a minorías étnicas y económicamente vulnerables. En el fondo, la ejecución de Mangione sería menos un acto de justicia que una pieza de propaganda del nuevo orden represivo.
¿Hay otra salida?
Casos como este deben llevarnos a reflexionar más allá del castigo. Si bien es urgente que crímenes como el asesinato de Thompson sean severamente penados, también debemos preguntarnos qué lleva a un joven a radicalizarse hasta el punto de matar a un desconocido por cuestiones ideológicas.
- ¿Estamos prestando atención al malestar social que fermenta silenciosamente?
- ¿Estamos realmente interesados en prevenir, o solo en castigar?
- ¿Funciona un sistema judicial que responde con más muerte a la violencia?
Mientras la justicia avanza, muchos miramos este caso como un espejo distorsionado del país: uno dividido entre ricos y pobres, víctimas y victimarios, castigo y redención. Quizá, entre las páginas de aquel cuaderno oscuro que Mangione llevaba, se esconde más que evidencia criminal: un grito desesperado de una parte del país que ya ha perdido la fe en todo.