Cuando florece el alma: la salud mental y el deporte universitario femenino
Cómo las estrellas del baloncesto femenino universitario están normalizando el cuidado psicológico en medio de presiones y expectativas crecientes
Un nuevo capítulo en el deporte universitario
En el mundo del deporte universitario femenino en Estados Unidos, algo más que poderosos puntos y estadísticas se está haciendo notar: el cambio de estigmas sobre la salud mental. Un fenómeno en crecimiento, liderado por figuras visibles como Paige Bueckers, Hailey Van Lith, Azzi Fudd y Lauren Betts, ha puesto la salud psicológica en el centro de la conversación deportiva. Ya no es signo de debilidad hablar con un terapeuta. Ahora es parte del entrenamiento.
Ansiedad, lesiones, redes sociales y el peso invisible del éxito
Los retos que enfrentan las atletas universitarias van más allá del cronómetro o el marcador final. Lesiones de larga duración, como la rotura de ligamento cruzado anterior (ACL) de Rori Harmon en diciembre de 2023, pueden devastar tanto física como emocionalmente. "No es algo que puedas hacer sola", afirmó Harmon al describir su proceso de rehabilitación.
El auge de la transferencia de jugadoras entre instituciones, potenciado por el portal de transferencias de la NCAA, también contribuye a esta presión. Elegir entre quedarse en una universidad conocida o empezar de cero en un nuevo ambiente puede convertirse en una encrucijada emocional.
El tabú que agoniza: hablar con profesionales
De acuerdo con Ashley Harmon, directora de salud conductual clínica en la Universidad de Texas, cada vez más atletas universitarias acuden a psicólogos y terapeutas deportivos: "Esta generación está mucho más abierta a buscar salud mental. Vienen por ansiedad, depresión, relaciones o temas con entrenadores y compañeros", dijo en entrevista.
Esta apertura marca una diferencia crucial respecto a generaciones anteriores, donde el cuidado emocional era visto como innecesario o incluso débil. Hoy, se entiende como parte integral del rendimiento deportivo.
El detonante: el caso de Katie Meyer
Varios atletas coinciden en que el trágico suicidio en 2022 de Katie Meyer, portera de fútbol en la Universidad de Stanford, sirvió como catalizador. Hailey Van Lith confesó que fue a partir de esa noticia que decidió buscar ayuda profesional. “Cuando atravesaba muchas cosas, tenía 19 años. Era muy joven y no sabía cómo manejarlo”, explicó.
UConn como ejemplo de acción institucional
La Universidad de Connecticut (UConn), potencia histórica en el baloncesto femenino, ha implementado un equipo completo de profesionales de salud mental para apoyar a sus atletas. Fudd y Bueckers han sido vocales sobre cómo el acceso a estos servicios fortaleció su proceso de regreso tras lesiones.
"No hay juicio, es un espacio libre donde puedes enfocarte en ser tu mejor versión", compartió Bueckers sobre su experiencia. Su relación con los terapeutas ha ayudado a equilibrar la intensidad emocional de la alta competencia.
Cifra en auge: departamentos completos de salud mental
Cuando Ashley Harmon empezó en Texas, era la única psicóloga en plantilla. Hoy, ya hay ocho o nueve profesionales trabajando exclusivamente con atletas universitarios. En universidades como Tennessee, existen grupos dedicados a entrenamiento mental y otros a salud mental clínica, pero todos colaboran entre sí.
"Fuimos una de las primeras instituciones en tener un practicante de salud mental a medio tiempo", dijo Joe Whitney, quien lleva más de dos décadas en la Universidad de Tennessee. “Ahora atendemos a los atletas no solo entre líneas, sino fuera de ellas también”.
Redes sociales y exposición mediática: la presión moderna
Una de las fuerzas más recientes y peligrosamente silenciosas es la exposición digital. Las jugadoras están bajo constante escrutinio público. “Todo el mundo sabe lo que hacen y cuándo lo hacen”, indicó Ashley Harmon. Esa visibilidad constante puede generar ansiedad, insomnio e incluso depresión.
Además, las apuestas deportivas, ahora legales en muchos estados del país, suman una presión adicional. Algunos atletas son objeto de ataques en redes tras afectar el resultado de una apuesta, una situación que genera estrés difícil de anticipar.
Casos de éxito y valentía
- Azzi Fudd: Habló abiertamente sobre cómo los psicólogos la ayudaron a reenfocarse durante su recuperación de varias lesiones importantes.
- Lauren Betts: La pívot de UCLA rompió el silencio sobre sus luchas internas en medio de su mejor temporada como profesional.
- Van Lith: Decidió invertir su propio dinero en un psicólogo deportivo tras iniciar su carrera en Louisville, pasar por LSU y finalmente llegar a TCU.
Profesionalización del cuidado psicoemocional
En muchas universidades, el enfoque en fortaleza mental se ha vuelto tan importante como lo físico. La inversión en profesionales, recursos y talleres ha aumentado sustancialmente, así como la visibilidad de expertos dentro de los equipos.
Los espacios de conversación sin juicio que crean los psicólogos deportivos funcionan como un oasis en el frenesí del deporte de alto rendimiento. Según Harmon, estas sesiones no se comparten con entrenadores ni padres, y esa seguridad es vital: "Es confidencial, separado de notas académicas, entrenadores y compañeros".
El futuro: entrenar la mente como se entrena el cuerpo
Si algo define esta nueva era del atletismo universitario, es la comprensión de que la salud mental es parte del rendimiento. Entrenar el cerebro, manejar emociones y saber pedir ayuda ya no se perciben como lujos: son habilidades competitivas.
En un mundo donde universidades luchan por títulos y las atletas por oportunidades profesionales, cuidar la salud emocional ya no es un acto de rebeldía silenciosa, sino una extensión de la excelencia deportiva.
Y es que, después de todo, las campeonas no solo se forjan bajo el aro... también en los silencios internos que deciden compartir.