Adiós a un alma indomable: Val Kilmer, el genio rebelde de Hollywood
Del carismático Iceman en 'Top Gun' al intenso Jim Morrison en 'The Doors', el actor dejó una huella imborrable en el cine contemporáneo
Val Kilmer ha muerto. A los 65 años, el actor reconocido por su versatilidad, intensidad y compromiso absoluto con sus personajes dejó este mundo rodeado de sus seres queridos en Los Ángeles. Su hija, Mercedes Kilmer, confirmó que la causa fue neumonía. Diagnosticado con cáncer de garganta en 2014, Kilmer superó intervenciones durísimas, como dos traqueotomías, y emergió nuevamente, desafiante, valiente e insólito, como siempre fue.
¿Cómo resumir una carrera tan ecléctica, apasionada y a veces tormentosa como la de Kilmer? Lo intentaremos aquí, eligiendo hacer un análisis de su legado, sus contradicciones, su impacto en la cultura cinematográfica de las últimas décadas y la complejidad de un artista que nunca dejó de ser fiel a sí mismo.
El niño prodigio de Juilliard
Val Edward Kilmer nació el 31 de diciembre de 1959 en Los Ángeles, California. Desde muy temprano mostró una inclinación hacia las artes, siendo aceptado a los 17 años como el alumno más joven del prestigioso Juilliard School, donde se formó como actor en su División de Drama. El drama, por cierto, no solo se quedó en el escenario. Tragedia golpeó temprano: su hermano Wesley, de 15 años, murió de una convulsión epiléptica, algo que marcaría a Kilmer profundamente.
Fue durante su formación en Juilliard donde comenzó a pulir una intensidad actoral que luego lo distinguiría entre sus pares. Kilmer fue un discípulo del método Suzuki, una técnica japonesa exigente en lo físico y espiritual, algo que daría frutos en los personajes complejos que interpretó, pero también le labró su reputación de "difícil" en los sets.
De 'Top Secret!' a convertirse en ícono
Su debut en cine fue en la sátira Top Secret! (1984), donde combinó buen físico, carisma desbordante y talento para la comedia. Luego vendría Real Genius (1985), otra comedia universitaria que consolidó su estatus de chico rebelde de los ochenta. Pero fue su papel como Tom "Iceman" Kazansky en Top Gun (1986) el que lo colocó en el radar masivo de Hollywood.
Curiosamente, no quería el papel. Declaró que el guion le parecía "insulso", pero aceptó a regañadientes tras una promesa de que su personaje sería mejorado. Irónicamente, ese personaje se convirtió en uno de los más emblemáticos de su carrera, y volvió a interpretarlo, ya con voz alterada por su enfermedad, en Top Gun: Maverick (2022), donde su reencuentro con Tom Cruise conmovió al público.
La cima actoral: Morrison, Holliday y más
En los años 90, Kilmer alcanzó su madurez artística. Fue Jim Morrison en The Doors (1991), donde demostró una dedicación extrema: vivía como Morrison fuera del set, exigía ser llamado por su nombre, usaba sus mismos pantalones de cuero, e incluso convivía con su música a alto volumen por meses. Su transformación fue tan impactante que los propios miembros sobrevivientes de la banda pensaban que era Jim reencarnado.
En Tombstone (1993) interpretó al decadente pistolero Doc Holliday, un personaje que dotó de melancolía y carisma mortuorio. Kilmer llegaba al extremo de llenar su cama de hielo en las escenas finales para sentir el dolor de la tuberculosis que mató al verdadero Holliday.
Pero si algo definió esa década para él, fue su participación en películas como Heat (1995), junto a Robert De Niro y Al Pacino, y True Romance (1993), en la que interpretó al fantasma de Elvis Presley. En todas, Kilmer no era solo una cara bonita: era intensidad pura.
La maldición del murciélago
En 1995, lo invitaron a ponerse el manto más pesado de Hollywood: el de Batman. En Batman Forever, dirigido por Joel Schumacher, Kilmer interpretó al Caballero Oscuro frente a Nicole Kidman y frente al histrionismo de Jim Carrey como el Acertijo. Fue un éxito comercial, pero muy criticado. Janet Maslin del New York Times dijo que estaba "atado por las limitaciones del rol de galán en seco"; Roger Ebert lo describió como un "sustituto aceptable" de Michael Keaton.
El propio Kilmer jamás estuvo satisfecho: declaró que el traje era una prisión. "No se puede mover, ni oír, ni te hablan. Es muy aislante", comentó en el documental Val (2021). Lo abandonó tras una sola película, dejándole el personaje a George Clooney.
Una leyenda problemática o incomprendida
Después de Batman vinieron películas más controvertidas como The Island of Dr. Moreau (1996), una producción plagada de caos, reemplazos de director, huracanes y conflictos. El documental Lost Soul retrató este infierno de rodaje. Marlon Brando —con quien trabajó allí— intentaba calmarlo: “Es solo un trabajo, Val. Un paseo. Lo superaremos”. Pero Kilmer nunca fue persona de “paseos”. Vivian la actuación como una entrega total.
John Frankenheimer, uno de los directores, dijo: “Hay dos cosas que nunca voy a hacer: escalar el Monte Everest y volver a trabajar con Val Kilmer”. El título de la portada de Entertainment Weekly ese año fue: “El hombre que Hollywood ama odiar”.
Pero no todos lo repudiaban. Directores como D.J. Caruso lo defendieron: “Val necesitaba sumergirse en un personaje. Discutía mucho con los directores, pero porque se tomaba el arte en serio. No era arrogancia, era pasión”.
La reinvención artística y espiritual
En los 2000, Kilmer se desvió del cine comercial. Interpretó a John Holmes en Wonderland (2003), se adentró en los bajos fondos en Spartan de David Mamet, y sorprendió con actuaciones en comedias negras como Kiss Kiss Bang Bang (2005).
La vida lo llevó también al escenario teatral donde fue ovacionado por Citizen Twain, un monólogo intenso sobre Mark Twain. “Amo su genialidad, su comedia siempre al filo de la tragedia, y cómo aún hoy nos refleja —racismo, avaricia y grandeza americana mezcladas en un solo país”, dijo a Variety.
Su lucha contra el cáncer y el renacer de 'Val'
En 2014, Kilmer fue diagnosticado con cáncer de garganta. Las secuelas de su tratamiento lo dejaron con una voz robótica y problemas respiratorios. Para muchos, eso fue el final de una carrera. Pero Kilmer dijo algo en su documental Val que define su espíritu:
“Me he comportado mal. Me he comportado valiente. Me he comportado de forma extraña para algunos. No niego nada de eso y no tengo arrepentimientos. Porque he perdido y encontrado partes de mí que ni sabía que existían. Y estoy bendecido”.
Su aparición en Top Gun: Maverick fue un homenaje silencioso y poderoso: Iceman, ahora almirante, acude una última vez a su viejo rival Maverick. Sus líneas, sintetizadas digitalmente, conmocionaron. Fue el aplauso final en vida para un hombre que lo dio todo por el cine.
Legado, familia y finales abiertos
Val Kilmer fue muchas cosas: actor, poeta, artista visual, cristiano científico, hombre de pasiones intensas y contradicciones humanas. En su trayectoria hay risas, llanto, épica y escándalo. Fue pareja de Cher, se casó con Joanne Whalley, y tuvo dos hijos, Mercedes y Jack, quienes lo acompañaron hasta el final.
Nos deja una filmografía profunda, desafiante, a veces irregular, pero siempre auténtica. Porque Kilmer nunca actuó a medias. Vivió y trabajó como si cada instante fuera eterno. Y por eso, su legado también lo será.