Serbia en ebullición: estudiantes universitarios desafían el autoritarismo de Vučić
Un país que aspira a ingresar a la UE enfrenta una ola de protestas universitarias contra la represión, la corrupción y la creciente intolerancia del gobierno de Aleksandar Vučić.
Por Redacción - Belgrado, Serbia.
Las calles de Serbia están ardiendo. No con fuego, sino con el fervor de miles de estudiantes universitarios y docentes que han decidido decir ¡basta! a lo que consideran una escalada autocrática sin precedentes en su país. Desde la capital Belgrado hasta las ciudades universitarias de Novi Sad, Kragujevac y Niš, miles de ciudadanos marchan bajo consignas que claman por democracia, justicia y un alto al discurso de odio. El detonante: un ataque con cuchillo a una decana que ha encendido aún más el descontento nacional.
Un movimiento que se gestó en las aulas
Serbia ha sido históricamente un país de protesta. Desde la caída de Slobodan Milošević en el año 2000 hasta las manifestaciones contra la violencia en 2023, la sociedad civil serbia se ha mostrado resiliente, particularmente en sus centros universitarios.
Ahora, los estudiantes y profesores son el rostro visible de un movimiento contra Aleksandar Vučić, presidente serbio desde 2017 y líder del Partido Progresista Serbio. Aunque oficialmente Serbia sigue evaluando su entrada a la Unión Europea, su acercamiento a Rusia y China, combinado con la represión de voces críticas, ha desatado alarmas tanto dentro como fuera del país.
“Estoy aquí por la represión contra la gente… por los ataques físicos y verbales a profesores universitarios y decanos”, dijo Ivan Videnovic, profesor adjunto de la Universidad de Belgrado, durante una de las protestas del lunes. Su testimonio resume el espíritu de una marea estudiantil que desafía frontalmente al poder establecido.
La gota que colmó el vaso: un ataque con cuchillo
Lo que era una corriente constante de insatisfacción se convirtió en un tsunami social el pasado domingo, cuando Natalija Jovanovic, decana de la Facultad de Filosofía en Niš, fue atacada con un cuchillo por una mujer aún sin identificar. La víctima resultó con una herida en la mano y ha responsabilizado directamente a Vučić del ataque, acusándolo de haberla señalado públicamente como "criminal" en múltiples ocasiones.
Este ataque es percibido por muchos como el resultado de una campaña de odio promovida desde círculos gubernamentales y medios controlados por el Estado. No es un hecho aislado. Días antes, un alto funcionario del gobierno pidió la detención de Vladan Djokic, rector de la Universidad de Belgrado. La estrategia es clara: deslegitimar, silenciar y perseguir a las voces universitarias críticas.
Fondo del conflicto: corrupción, colapso e impunidad
Estas movilizaciones comenzaron en noviembre, tras el trágico colapso del techo de una estación de tren que costó la vida a 16 personas. La mayoría de los serbios no cree en coincidencias. Denuncian que la caída del techo se debió a obras de renovación mal ejecutadas por empresas con vínculos gubernamentales, un enésimo ejemplo de la corrupción rampante en la administración Vučić.
Según Transparency International, Serbia ocupa el puesto 101 de 180 países en el Índice de Percepción de Corrupción de 2023. La mala puntuación refleja un sistema donde el clientelismo, la falta de independencia judicial y los privilegios de una élite política y empresarial están profundamente arraigados.
Universidades: bastiones de la resistencia democrática
Históricamente, las universidades serbias han sido centros de resistencia ante la opresión. En tiempos de Milošević, los estudiantes lideraron protestas que erosionaron el control autoritario. Hoy, la historia parece repetirse. Profesores y alumnos están formando una coalición que desafía la narrativa oficial y llama a la responsabilidad del Estado.
Además de exigir protección y respeto a su libertad de expresión, los manifestantes reclaman una reforma educativa integral, mejoras en la infraestructura y fin a la presión ideológica sobre los currículos académicos.
Vučić: entre Europa y Eurasia
A pesar de sostener conversaciones para unirse a la UE, el presidente Vučić ha tejido una red de alianzas con Moscú y Pekín, que muchos consideran perjudicial para la democracia. La oposición lo acusa de utilizar estrategias populistas y autoritarias al estilo de Viktor Orbán en Hungría o Recep Tayyip Erdoğan en Turquía.
Su control sobre los medios públicos ha sido denunciado por organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras, que sitúan a Serbia en la posición 91 de 180 países en su Índice Mundial de Libertad de Prensa. La represión a la oposición política y a los periodistas independientes es queja generalizada entre ONGs de derechos humanos.
Miedo y valentía: la sociedad se levanta
Las marchas de este lunes representan algo más allá de la furia universitaria. En ciudades como Kragujevac y Novi Sad, los ciudadanos marcharon sin ser estudiantes, portando pancartas que decían: “No soy estudiante, pero puedo caminar”. La frase, convertida en símbolo del movimiento, refleja cómo el pueblo serbio está abandonando el miedo y optando por la acción cívica.
Lo notable del movimiento actual es su carácter horizontal y descentralizado. No hay un único líder, sino una amalgama de organizaciones estudiantiles, sindicatos universitarios, colectivos culturales y hasta asociaciones de padres que se están organizando mediante redes sociales y foros digitales.
¿Puede Serbia escapar a su historia?
Los Balcanes tienen una historia compleja, marcada por guerras, divisiones étnicas y autoritarismos. Serbia, como parte fundamental de esta región, ha vivido de todo: imperialismo otomano, monarquía, socialismo yugoslavo, guerras civiles y gobiernos populistas.
En este siglo XXI, el país enfrenta una disyuntiva: dar el salto hacia una democracia sólida con instituciones independientes o regresar a las sombras del control autoritario. Lo que está ocurriendo en sus universidades será clave para determinar esa dirección.
Solidaridad internacional y respuesta europea
La Unión Europea ha observado con preocupación el deterioro democrático en Serbia. En un reciente informe del Parlamento Europeo, se alertó sobre la necesidad de garantizar la “libertad académica y de expresión” como condición sine qua non para futuras negociaciones de adhesión.
La Red Europea de Universidades ha emitido un comunicado de solidaridad con los estudiantes y docentes serbios, llamando a todas las universidades miembros a protestar públicamente por la situación. En redes sociales, el hashtag #IStandWithSerbianStudents ha ganado tracción.
El futuro de Serbia no se decide solo en el Parlamento, sino también en las calles de Belgrado y en los pasillos de sus universidades. La juventud serbia, educada, informada y cada vez más conectada con el mundo, está diciendo: “No al miedo, sí a los libros; no al odio, sí a la verdad”.
Una primavera balcánica en gestación
No es exagerado comparar este movimiento con las revueltas estudiantiles de los años 60 en Europa o con las más recientes manifestaciones de Hong Kong y Chile. Lo que comenzó como una respuesta a un accidente y a un ataque aislado se está articulando como una exigencia nacional de transformación democrática.
Desde Berlín hasta Lisboa, pasando por Bruselas, los demócratas del mundo deben voltear la mirada hacia Serbia, donde jóvenes con pancartas, libros y coraje están enfrentando el autoritarismo con una convicción férrea: su país merece ser libre.
“Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”, dijo alguna vez Pablo Neruda. En Serbia, esa primavera parece estar brotando en las aulas universitarias. Y llega para quedarse.