Pobreza en Argentina: ¿Realidad o ilusión estadística bajo el gobierno de Javier Milei?
El presidente libertario celebra la caída de la pobreza, pero en las calles se respira una crisis aún latente
En Argentina, los números comienzan a reflejar lo que algunos consideran un “logro económico”. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) reportó recientemente una disminución de la pobreza al 38,1% durante el segundo semestre de 2024. Esta cifra llega tras un alarmante 53% registrado en los primeros seis meses de gestión del presidente Javier Milei. Esta caída, celebrada por el gobierno como un acto de validación de su política de “libertad económica”, ha despertado tanto esperanza como escepticismo en distintos sectores sociales y políticos.
Una bajada histórica... ¿o estadística maquillada?
Para muchos analistas, este descenso de 14,8 puntos porcentuales en la pobreza es inédito en tan corto plazo. Según Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T Asesores Económicos, se trata del índice más bajo desde el primer semestre de 2022. “Políticamente, esta es una victoria muy importante para el gobierno, especialmente en un año electoral”, señaló.
El gobierno, por su parte, sostiene que estas cifras "reflejan el fracaso de las políticas anteriores" y que el camino de la responsabilidad fiscal es el único viable para reducir la pobreza de forma permanente.
Sin embargo, la realidad en las calles muestra otra cara
En las aceras de Buenos Aires, el presunto alivio económico no se condice con la vida cotidiana de millones. Personas buscando comida entre residuos, vendedores ambulantes en cada esquina, y familias durmiendo al raso se han transformado en una postal habitual.
“Yo veo mucha más gente vendiendo cositas y durmiendo en la calle”, expresó Lorena Jiménez, una madre de nueve hijos que perdió su empleo como limpiadora doméstica y hoy sobrevive vendiendo calcomanías.
Jiménez dice usar una subvención estatal de 160 dólares mensuales —parte de un plan para ayudar a familias de bajos recursos— para pagar ocasionalmente una pieza en hotel. El resto del tiempo, duermen al aire libre. Su situación es reflejo de miles de ciudadanos empobrecidos por el ajuste fiscal.
La inflación: de tres dígitos a doble dígito, ¿una hazaña o una distorsión?
La inflación anual bajó en picada al 66,9% en marzo pasado, luego de registrar un colosal 276,2% el año anterior. La baja en la inflación ha sido destacada como el motor clave para la reducción estadística de la pobreza.
Pero Tomás Raffo, economista de la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina), advierte sobre una creciente desconexión entre los indicadores oficiales y la economía real. “Se sufrió un golpe muy fuerte donde entró mucha más gente en la pobreza y ahora algunos han salido. Pero los que ya eran pobres antes están mucho peor”, afirmó.
El índice de precios al consumidor, ¿una herramienta del pasado?
Uno de los principales cuestionamientos técnicos se basa en el punto de partida sobre el cual se calcula la inflación: la canasta básica que data de 2004. Esta canasta quedó desactualizada y no refleja los cambios en patrones de consumo, como el peso actual de servicios digitales, alquileres, educación privada o salud.
“El INDEC está captando muy poco de lo que realmente está pasando en la economía”, sentenció Raffo.
Por ejemplo, el alquiler de vivienda se disparó tras la desregulación del mercado inmobiliario durante el mandato de Milei. Además, el acceso a salud y educación privadas se ha vuelto más costoso, desplazando servicios públicos que perdieron financiamiento con el ajuste.
El dilema de la credibilidad: ¿se puede confiar en las cifras oficiales?
Tras el escándalo de manipulación estadística durante el kirchnerismo, el INDEC fue intervenido en 2016 y atravesó un proceso de reconstrucción de su credibilidad. No obstante, voces críticas como la de Viviana Suárez, empleada del sector seguros, reavivan la desconfianza:
“Para mí, esto de la baja en la pobreza e inflación es mentira. Vas al súper y no podés comprar nada que no esté en oferta”.
La pobreza estructural: una herida que no cierra
La “pobreza coyuntural”, aquella que va y viene con la macroeconomía, puede fluctuar. Pero la pobreza estructural es aquella que se mantiene por falta de empleo digno, infraestructura y acceso a servicios básicos. Numerosos barrios populares carecen de redes cloacales, asfalto o luz eléctrica segura.
Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, más del 60% de los niños en el país están en condición de pobreza. Aunque una porción de adultos haya dejado de ser "pobre" según criterios estadísticos, acceder a salud, educación y vivienda digna sigue fuera del alcance de amplios segmentos de la población.
Un ajuste sin anestesia: consecuencias humanas del “shock libertario”
Milei ha instrumentado el plan de austeridad más drástico de las últimas décadas. Cortó subsidios al transporte, congeló sueldos públicos, desmanteló planes sociales, redujo la inversión estatal en educación y salud y eliminó fondos para comedores populares, entre otras medidas.
Este “terremoto económico” ha generado protestas callejeras, inclusive algunas que terminaron en brutales enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El creciente número de manifestaciones indica que, aun con cifras macroeconómicas que mejoran, existe una tensión social acumulada de consecuencias impredecibles.
¿Éxito o espejismo?
El gobierno de Javier Milei parece buscar legitimidad política en los números. Sin embargo, al aplicar criterios desactualizados y en un contexto de reformas que impactan directamente en los sectores más vulnerables, la fotografía que muestran las estadísticas puede estar más filtrada que nunca.
“No podés decir que alguien dejó de ser pobre porque estadísticamente ya no lo es, cuando sigue viviendo en la calle o comiendo una vez al día”, remarcan desde organizaciones sociales.
Mientras Milei prepara su artillería electoral para las legislativas de este año, muchas familias siguen atrapadas en una espiral de precariedad, sin ver la luz al final del túnel.