Groenlandia en la Mira: Una Isla en Medio de Ambiciones Geopolíticas
Las tensiones entre EE. UU., Dinamarca y Groenlandia revelan una nueva lucha por el Ártico
Por años, Groenlandia ha sido una tierra remota a los ojos del mundo, conocida por su hielo perpetuo, su belleza inhóspita y su Crucial importancia estratégica. Ahora, esa remota isla, la más grande del planeta, se ha convertido en el centro de una creciente disputa geopolítica internacional que involucra a dos potencias aliadas: Estados Unidos y Dinamarca.
El Nuevo Contexto: Groenlandia en el tablero global
Groenlandia no es nueva en los asuntos geopolíticos. Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha mantenido un interés constante en la isla debido a su ubicación estratégica en el Ártico. Alberga la Base Espacial Pituffik (anteriormente Base Aérea Thule), que actualmente opera con cerca de 200 efectivos estadounidenses. Sin embargo, lo que antes fue colaboración militar ha comenzado a tornarse conflicto diplomático.
JD Vance y la ofensiva estadounidense
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, generó controversia tras sus recientes declaraciones durante una visita a la Base Espacial Pituffik. Afirmó que Dinamarca ha "subinvertido" en la seguridad y desarrollo de Groenlandia, y sugirió que el enfoque de Copenhague debería cambiar radicalmente si desea mantener su soberanía sobre la isla. Detrás de estas palabras se esconde algo más profundo: la inclinación de la administración Trump por adquirir Groenlandia como territorio estadounidense.
“Nuestro mensaje a Dinamarca es muy simple: no han hecho un buen trabajo con el pueblo de Groenlandia”, dijo Vance, quien además insinuó que Groenlandia podría estar mejor económicamente bajo una asociación más fuerte con Estados Unidos. Incluso alentó abiertamente una posible independencia de Dinamarca.
La respuesta airada de Dinamarca
Las palabras de Vance no cayeron bien en Copenhague. El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, emitió rápidamente una respuesta en video, calificando la retórica estadounidense de "inapropiada para hablar entre aliados". Reiteró que Dinamarca ha tomado pasos concretos para reforzar la seguridad en el Ártico, como el compromiso de 14.600 millones de coronas danesas (alrededor de 2.100 millones de dólares estadounidenses) para construir tres nuevos buques navales, instalar drones de largo alcance y lanzar nuevos satélites.
“Podemos discutir mayor presencia militar de EE. UU. en Groenlandia en el marco del acuerdo de defensa de 1951. Pero no vamos a aceptar imposiciones”, sentenció Rasmussen.
Groenlandia responde por su cuenta
La visita de Vance tuvo consecuencias no solo en la política danesa-estadounidense, sino también dentro del parlamento groenlandés. Cuatro de los cinco principales partidos acordaron formar un nuevo gobierno de coalición con el objetivo de resistir las presiones de anexión por parte de EE. UU. El mensaje es claro: Groenlandia quiere decidir su propio destino —pero no bajo las condiciones de Washington.
“Nuestra tierra no está en venta”, ha sido una frase recurrente entre los políticos groenlandeses desde que en 2019 el expresidente Donald Trump sugirió la compra de la isla, propuesta que fue rechazada de inmediato por la entonces primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificándola de "absurda".
El valor oculto de Groenlandia
Pero, ¿por qué tanto interés repentino? La respuesta está bajo el hielo. Groenlandia posee vastos y poco explorados recursos minerales, incluidos tierras raras fundamentales para la revolución tecnológica, así como reservas potenciales de petróleo y gas. A medida que el cambio climático deshiela partes del Ártico, los recursos de la región se han vuelto más accesibles y disputados por potencias globales como China, Rusia y EE. UU.
Además, su ubicación cerca de rutas árticas emergentes le confiere un altísimo valor estratégico para el comercio y posicionamiento militar. Según un reporte del Brookings Institution, el deshielo del Ártico podría abrir nuevas rutas comerciales que descongestionen el Canal de Suez, acortando distancias entre Asia y Europa en hasta un 40%.
El tratado de defensa de 1951: ¿una carta olvidada?
En 1951, Dinamarca y Estados Unidos firmaron un acuerdo que permitió la presencia militar estadounidense en Groenlandia. Rasmussen recordó en su mensaje que dicho acuerdo aún está vigente y que ofrece todas las oportunidades para que EE. UU. incremente su presencia militar en Groenlandia, siempre y cuando lo discuta previamente con sus aliados.
Actualmente, la presencia estadounidense se ha visto reducida drásticamente desde la Segunda Guerra Mundial, pasando de más de 17 instalaciones militares a solo una activa, la mencionada base Pituffik. Washington podría estar usando este tratado como excusa para intentar establecer una presencia aún mayor.
La independencia como vía de escape
En un punto de inflexión potencial, muchos líderes groenlandeses han comenzado a cuestionar su título de territorio autónomo danés y se preguntan si es momento de avanzar hacia la plena independencia. Desde 2009, Groenlandia ha gestionado sus propios asuntos internos, incluidas sus leyes, educación y recursos naturales. Solo la defensa y la política exterior están en manos de Dinamarca.
La dependencia económica aún es significativa: Dinamarca provee alrededor del 60% del presupuesto del gobierno groenlandés. Pero con las recientes tensiones y el interés geopolítico de gigantes globales, la independencia empieza a no parecer tan descabellada para algunos.
Trump y su fijación con Groenlandia
No se puede hablar de esta historia sin mencionar a Donald Trump. Durante su presidencia, Trump realizó una de las declaraciones diplomáticas más insólitas al sugerir la compra de Groenlandia. Esta propuesta fue ampliamente ridiculizada, pero según funcionarios, la administración consideraba seriamente opciones para adquirir o influenciar fuertemente la isla.
Al parecer, esta fijación no ha terminado. La reciente retórica de JD Vance podría interpretarse como la continuación de esta visión. Y mientras Trump prepara su posible regreso a la presidencia, no es descabellado pensar que Groenlandia volverá a estar en su lista de objetivos geopolíticos clave.
Aliados tensos: Dinamarca y EE. UU.
Aunque Estados Unidos y Dinamarca han sido aliados desde hace largo tiempo, esta situación podría marcar un importante punto de inflexión. Entre diferencias de tono, acusaciones cruzadas y crecientes desconfianzas, Groenlandia ha dejado de ser una simple nota de pie de página en la política internacional para convertirse en un inesperado protagonista del nuevo orden ártico.
“No es forma de hablarle a un aliado cercano”, dijo Rasmussen. Una frase que resume el resentimiento creciente por lo que se percibe como imperialismo moderno de Washington y que probablemente resonará por mucho tiempo en los pasillos diplomáticos europeos.
El futuro incierto de una isla estratégica
La pregunta ya no es si Groenlandia merece independencia, más bien es quién influirá en su camino: ¿Dinamarca, que ha mantenido el control por siglos, o Estados Unidos, que se presenta como el socio perfecto? Y quizás más importante, ¿qué quiere el pueblo groenlandés?
Lo claro es que la próxima década será decisiva para el futuro de Groenlandia: entre independencia, mayor autonomía, tensiones diplomáticas y los intereses de potencias globales. El hielo se derrite, literalmente, y con ello se derriten también antiguas certezas geopolíticas.