La minería submarina y el choque entre leyes internacionales, empresas y soberanía nacional
¿Quién manda en las profundidades del océano? Tensión entre EE. UU., The Metals Company y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos
Un nuevo conflicto emerge desde las profundidades del océano, donde el desarrollo tecnológico y las tensiones geopolíticas se entrelazan con la defensa del medioambiente global. La empresa canadiense The Metals Company ha generado un terremoto político y ambiental al anunciar que busca iniciar explotación minera en aguas internacionales, con o sin el respaldo de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés).
Una empresa desafía al orden legal internacional
La empresa The Metals Company, con sede en Vancouver, ha generado una ola de controversia tras declarar que está en contacto con el gobierno estadounidense para iniciar operaciones mineras en el lecho marino más allá de las jurisdicciones nacionales. La bomba informativa fue lanzada el jueves, justo antes de que la ISA concluyera su sesión de dos semanas en Jamaica, centrada en cómo y si permitir este tipo de minería.
El Consejo de la ISA, compuesto por 36 miembros, se ha mostrado reacio a emitir licencias de explotación, confirmando únicamente permisos de exploración hasta la fecha. Sin embargo, The Metals Company afirma que los retrasos innecesarios de la ISA justifican su decisión de buscar alternativas para iniciar sus actividades extractivas, aprovechando que Estados Unidos no es parte del tratado internacional que creó esta autoridad: la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (UNCLOS).
¿Qué busca la minería submarina?
Los minerales oceánicos como el cobalto, níquel, cobre y manganeso son esenciales para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos y tecnología verde. Se encuentran principalmente en nódulos polimetálicos, depósitos de minerales en el fondo del océano que tardan millones de años en formarse.
La minería marina promete una extracción más barata y, según sus defensores, con menor impacto ambiental respecto a la minería terrestre tradicional. Sin embargo, los científicos no están tan seguros.
Una amenaza al “último ecosistema virgen”
Ambientalistas y científicos han emitido fuertes advertencias. Según Emily Jeffers, abogada del Center for Biological Diversity, “el océano profundo es uno de los últimos lugares verdaderamente salvajes del planeta, hogar de formas de vida que apenas estamos empezando a comprender”. La minería podría devastar hábitats únicos al liberar polvo asfixiante, ruido y alterar totalmente los ecosistemas en zonas de hasta 6.000 metros de profundidad.
Greenpeace comentó en un comunicado: “El lecho marino internacional es patrimonio común de la humanidad, ninguna nación debe actuar de manera unilateral para explotarlo”. La campaña para imponer una moratoria o veto a esta práctica ha sido respaldada por más de 30 países, entre ellos Canadá y Alemania, así como empresas como Google, Samsung, BMW y Volkswagen.
Estados Unidos fuera del marco jurídico global
El meollo legal del conflicto reside en que Estados Unidos nunca ratificó la Convención del Derecho del Mar. Esto impide que participe formalmente en las decisiones de la ISA pero también, según algunos sectores, le permite actuar fuera de ese marco.
La empresa canadiense argumenta que el código minero de EE. UU. sería suficiente para que inicien actividades mineras en aguas internacionales. Aseguran que ya están en conversaciones con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA), el Congreso e incluso la Casa Blanca.
Sin embargo, el experto legal internacional Duncan Currie declaró que, si EE. UU. aprobara esta iniciativa, sería “una violación grave del derecho internacional… Es prácticamente ponerle una pistola a la cabeza de la comunidad internacional”.
El contexto geopolítico y económico
Esta maniobra también ocurre en un entorno de creciente tensión geopolítica. Washington ha intentado desde hace décadas mantener y expandir su influencia sobre los recursos estratégicos, especialmente ante el incremento del protagonismo chino en océanos internacionales y la transición hacia energías renovables.
Controlar materias primas críticas como el cobalto o el níquel, usados en tecnología limpia y baterías, se ha vuelto prioridad nacional para países como Estados Unidos. Una fuente anónima cercana a las negociaciones afirmó que “La Casa Blanca considera esto no solo una oportunidad económica, sino un asunto de seguridad nacional”.
La llamada Zona de Fractura Clarion-Clipperton —donde The Metals Company enfocaría sus actividades— abarca 1,7 millones de millas cuadradas entre Hawái y México, a profundidades de hasta 6.000 metros. Justamente ahí se concentran los permisos de exploración actuales.
Moratorias, presión ambiental y riesgos legales
A pesar de la presión corporativa, los esfuerzos para imponer una moratoria internacional se han acelerado. En julio de 2023, durante la reunión anterior de la ISA, varios estados miembros solicitaron detener cualquier concesión de licencias hasta que se establezca un código minero completo y medidas de protección ambiental.
El punto crítico es que ningún permiso comercial ha sido otorgado hasta la fecha, aunque hay más de 30 licencias de exploración activas. El temor a un “precedente catastrófico” si The Metals Company avanza sin autorización ha provocado alarma entre delegados, juristas y científicos.
¿Estamos listos para abrir las puertas del lecho marino?
Desde una perspectiva ecológica, es evidente que la ciencia va por detrás de la industria. La biodiversidad del océano profundo es aún un misterio, y no existen aún protocolos eficaces para mitigar daños si se autoriza la minería en esta zona. Y sin embargo, el valor estimado de estos depósitos —que supera los 100 mil millones de dólares— hace que la tentación corporativa y política sea difícil de ignorar.
En palabras de Louisa Casson, de Greenpeace: “Permitir la minería submarina ahora sería como prenderle fuego a una biblioteca cuyos libros aún no hemos leído”. La frase resuena como un eco entre los delegados que intentan trazar límites éticos en aguas sin bandera.
Un futuro sin brújula, con profundidad incierta
Mientras empresas como BMW y Volkswagen se comprometen públicamente a no utilizar minerales de origen marino, otras compañías y gobiernos ven en los océanos una solución de respaldo para la demanda explosiva de energías limpias. Este dilema define nuestra era: ¿cómo equilibramos la protección del planeta con la urgencia de descarbonizar nuestras economías?
El caso de The Metals Company no es el primero ni será el último. Representa una tormenta perfecta de intereses económicos, vacíos jurídicos y debates éticos, planteando preguntas que aún no hemos aprendido a responder completamente.
¿Estamos preparados para tomar decisiones globales sobre recursos que nadie posee y cuya vida aún desconocemos? Mientras no exista una voluntad política común para regular el fondo marino, las iniciativas unilaterales podrían ser la chispa que encienda un conflicto internacional sumergido… pero potencialmente devastador.
Sigue la cobertura global de la minería submarina y recursos oceánicos sostenibles en medios especializados y en la página oficial de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos.
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