El nuevo rostro del fuego: cómo el cambio climático convirtió a EE.UU. en un polvorín permanente
Ocho estados enfrentan incendios devastadores mientras expertos advierten que la temporada de incendios ya no existe: es todo el año
Una mirada al infierno extendido
Los incendios forestales ya no son una amenaza estacional en Estados Unidos. El país está experimentando un cambio dramático donde los fuegos se han vuelto una constante durante todo el año, impulsados por una combinación peligrosa de sequías, calor extremo, restos de fenómenos naturales pasados y una urbanización descontrolada.
En lo que va de 2025, más de 14,800 incendios han consumido más de 2,860 kilómetros cuadrados de territorio estadounidense, superando ampliamente el promedio de la última década, de acuerdo con el Centro Nacional Interinstitucional de Incendios (NIFC). Esta nueva normalidad está reconfigurando la gestión de emergencias y la manera en que el país se prepara —o no— para su nueva realidad ambiental.
Desde Carolina del Norte hasta Florida: una nación en llamas
Ocho estados enfrentan incendios de gran magnitud, pero los focos más preocupantes se encuentran en tres regiones:
- Carolina del Norte: azotada por los estragos de huracanes anteriores como Helene e Idalia, ahora arde con ferocidad. Los fuertes vientos y una humedad relativa excepcionalmente baja han creado la tormenta perfecta para incendios descontrolados.
- Florida: con casi la mitad del estado en condiciones de sequía, más de una treintena de fuegos arden, incluido uno en el condado de Miami-Dade que quemó más de 109 kilómetros cuadrados y afectó el tránsito hacia los Cayos.
- Oklahoma: ya se reportan cuatro muertes provocadas por incendios empujados por vientos intensos.
Otras regiones como Georgia, Missouri, Tennessee, Virginia Occidental y Carolina del Sur también reportan fuegos activos, lo que pinta un panorama nacional de fragilidad ambiental sin precedentes recientes.
El fin de la "temporada de incendios"
Tradicionalmente, la temporada de incendios en EE.UU. se extendía desde finales de la primavera hasta inicios del otoño. Sin embargo, expertos como Brad Rippey, meteorólogo del Departamento de Agricultura, sostienen que esta noción ha quedado obsoleta: “Ya no existe una temporada como tal. Ahora es todo el año”, afirma.
El motivo principal: el cambio climático. El aumento de las temperaturas medias alrededor del mundo, resultado directo de la quema de combustibles fósiles como gasolina y carbón, ha secado vastas regiones de América del Norte, creando un caldo de cultivo perfecto para incendios potentes y extensos.
Restos de fenómenos extremos y la herencia de los huracanes
Los incendios actuales no solo arden por la sequía. El material combustible ha aumentado dramáticamente después de años marcados por eventos extremos. De acuerdo con el NIFC, estados sureños como Carolina del Norte y Florida contienen residuos acumulados de huracanes como Laura, Ida, Debby e Idalia, así como árboles caídos producto de tormentas invernales y otros eventos extremos.
En Carolina del Norte, por ejemplo, dos de los tres incendios mayores han sido provocados por líneas de transmisión derribadas por vientos provenientes de tormentas anteriores. El vocero del Servicio Forestal estatal, Philip Jackson, señaló que decenas de caminos están bloqueados por escombros o se encuentran completamente destruidos, dificultando el acceso terrestre a los puntos más críticos de los incendios.
El caso de Florida: de los huracanes al fuego
Florida es un caso paradigmático. Aunque es común pensar en lluvias tropicales y humedad alta, el estado atraviesa una de sus sequías más severas. Esto ha adelantado la temporada de incendios de manera significativa. La División Forestal de Florida reporta que varios condados se encuentran bajo advertencias por “bandera roja”, debido a condiciones con alta probabilidad de ignición.
El incendio de mayor magnitud, originado en Everglades, afectó el condado de Miami-Dade y llegó a interrumpir el acceso a los Cayos durante varios días. Aunque el fuego está contenido en un 95%, otros pequeños focos siguen activos en toda la región.
La Niña y la nueva climatología del fuego
Mientras que algunos atribuyen las condiciones recientes al fenómeno de La Niña, que enfría periódicamente el Océano Pacífico y desplaza la corriente en chorro, otros expertos argumentan que el verdadero culpable es la persistente tendencia al calentamiento global desde hace décadas.
“Las temperaturas más altas están provocando precipitaciones más irregulares. Cuando llueve, tiende a ser en grandes cantidades y en cortos periodos, lo que significa que el agua no se absorbe en el suelo sino que escurre, dejando la vegetación tan seca como antes”, explica Rippey, que lleva más de 25 años monitoreando sequías.
Infraestructura vulnerable e impunidad ambiental
Uno de los hallazgos más alarmantes es el estado de abandono de parte de la infraestructura crítica en zonas forestales y rurales. En Carolina del Norte, Jackson declaró que muchas vías forestales no se han reparado desde los últimos ciclones, dificultando no solo la evacuación, sino también el acceso de los bomberos.
En combinación con los vientos erráticos y la falta de humedad, esto produce momentáneamente incendios imposibles de controlar.
California como advertencia temprana
Lo que hoy se vive en Florida o Carolina del Norte ya fue experimentado con crudeza en California. A principios del año, incendios en la zona de Los Ángeles arrasaron vecindarios completos. La vegetación seca acumulada, producto de años de sequía y malas políticas de manejo forestal, exacerbó la situación.
California lleva años siendo un “canario en la mina” de lo que se extiende hacia el resto del país. En enero de 2025, las imágenes apocalípticas del fuego devorando barrios en Malibu y los Angeles Hills fueron un presagio de lo que ahora sufren los estados sureños.
Un futuro en las cenizas: ¿qué se puede hacer?
Expertos advierten que esta crisis necesita un enfoque integral que incluya:
- Manejo proactivo de bosques y vegetación: eliminar material combustible acumulado por tormentas o sequías.
- Políticas climáticas serias para reducir gases de efecto invernadero.
- Infraestructura adaptada que permita mejores respuestas ante incendios y accesos más rápidos para los servicios de emergencia.
- Campañas de educación para prevenir fuegos causados por humanos, que aún representan el 85% de los casos.
Según el climatólogo Tim Brown, director del Centro Regional de Clima del Oeste, sin cambios drásticos veremos un aumento del 50 al 100% en la duración de incendios para fin de década, con focos cada vez más extendidos hacia el este del país.
El país, argumentan varios científicos y bomberos, debe dejar de ver los incendios como “eventos naturales” y comenzar a tratarlos como fenómenos sociales, gestionables, y en muchos casos evitables. Porque si bien el clima está fuera del control humano, nuestra preparación y respuesta no deberían estarlo.