Incendios forestales en las Carolinas: una tormenta perfecta alimentada por la negligencia humana y el cambio climático

Miles de hectáreas arden en Carolina del Norte y del Sur mientras expertos advierten que el viento, la sequía y la caída de árboles tras el huracán Helene convierten la región en un polvorín

Los Apalaches están ardiendo. En medio de una temporada inusualmente seca, un conjunto de factores ha convergido para avivar incendios forestales devastadores que han obligado a evacuar comunidades enteras en Carolina del Norte y del Sur. Si bien la causa inmediata es atribuida a la acción humana, expertos advierten sobre un trasfondo más amplio: el impacto del cambio climático y la falta de planificación adecuada en zonas vulnerables.

Una combinación peligrosa: sequía, viento y árboles caídos

Desde hace días, incendios de gran extensión se diseminan por los Montes Apalaches del sur, particularmente en las zonas montañosas de Blue Ridge. Hasta el momento, más de 15 millas cuadradas (39 km²) han sido consumidas por las llamas, y aunque los bomberos han logrado salvar la mayoría de las estructuras habitadas, la situación está lejos de estar bajo control.

“Lo que estamos viendo es una confluencia peligrosa de condiciones meteorológicas adversas y legado de fenómenos climáticos extremos pasados”, explicó Ashley Rehnberg, meteoróloga del Servicio Nacional de Meteorología en Greer, Carolina del Sur.

El huracán Helene, que azotó la región en septiembre pasado, dejó a su paso millones de árboles caídos —una fuente abundante de combustible seco para los incendios. Muchos de esos árboles bloquean también los caminos de acceso de los servicios de emergencia, dificultando la creación de cortafuegos estratégicos.

Evacuaciones en marcha y zonas en alerta

Las autoridades han ordenado evacuaciones preventivas en condados como Polk y Henderson en Carolina del Norte, y en Pickens y Greenville en Carolina del Sur. En esta última, ya dos incendios significativos amenazan zonas pobladas:

  • El fuego dentro de Table Rock State Park ha arrasado más de 3.6 millas cuadradas (9.3 km²).
  • Otro en Persimmon Ridge, en el condado de Greenville, ha destruido 1.6 millas cuadradas (4 km²).

En Carolina del Norte, más de una veintena de casas y estructuras han sido consumidas en el condado Polk. En Bryson City, un nuevo foco surgido a finales del martes ha generado evacuaciones adicionales.

Una lucha cuesta arriba para los bomberos

Los cuerpos de emergencia están empleando estrategias de rotación de equipos debido a la naturaleza prolongada del combate contra el fuego. A pesar de que se pronostica algo de lluvia para el fin de semana, no se espera un diluvio significativo capaz de apagar los incendios, indicó Rehnberg.

“Incluso si llega algo de lluvia, las condiciones secas seguirán siendo preocupantes en las próximas semanas”, advirtió.

Hasta el momento, solo se ha reportado una herida: un bombero atrapado por un árbol durante las labores de extinción en Carolina del Norte.

Detrás del fuego: la acción humana

Según las autoridades, los incendios en Carolina del Sur fueron provocados directamente por personas que violaron las prohibiciones de quema. Desde hogueras de campamento hasta quemas de basura en jardines, la imprudencia se suma al cóctel de condiciones adversas.

“Tenemos personas que prenden fuego en sus patios con viento seco. ¡Hay que utilizar el sentido común!”, exclamó el Gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster.

En ambos estados, se han implementado prohibiciones estrictas de quema, aunque muchos residentes siguen sin tomarlas en serio.

¿Es este el nuevo normal?

Lo que hasta hace poco era visto como un problema exclusivo del oeste de Estados Unidos está ganando terreno en otras regiones. Carolina del Norte y del Sur han experimentado un aumento en la frecuencia e intensidad de incendios forestales en los últimos 10 años.

Según el Centro Nacional Interagencial de Incendios (NIFC), los estados del este muestran una tendencia preocupante de incendios iniciados por el hombre durante temporadas atípicamente secas. En 2023, Carolina del Sur registró más de 2,500 incendios forestales que quemaron cerca de 14,000 acres (5,665 hectáreas).

El cambio climático y su efecto catalizador

Los científicos han sido consistentes en su advertencia: el cambio climático amplifica fenómenos climáticos extremos. El patrón actual de incendios en las Carolinas encaja perfectamente en esta narrativa. La combinación de periodos más secos, temperaturas invernales más cálidas, huracanes más destructivos y lapsos intermitentes de lluvias genera ciclos impredecibles ideales para incendios forestales descontrolados.

“El calentamiento global no causa incendios directamente, pero sí establece las condiciones ideales para que sucedan y se propaguen”, señaló James Melillo, investigador ambiental de la Universidad de Duke.

Lecciones del pasado: Gatlinburg y otros ejemplos

El incendio de Gatlinburg, Tennessee, en 2016 —que dejó 14 muertos, más de 2,000 estructuras destruidas y un impacto de $500 millones— resuena aún en la memoria colectiva del sureste de EE.UU. Las lecciones aprendidas entonces muestran cuán vulnerable puede ser una comunidad si subestima su exposición al fuego.

“Hay cierto grado de excepción regional en el sureste del país”, comentó Karen Chavez, investigadora en políticas forestales. ‘Creemos que los grandes incendios pasan solo en California o Colorado. Pero eso ya no es cierto’.

El papel de la gestión forestal y la planificación urbana

Más allá del cambio climático y la negligencia humana, los expertos también apuntan a un problema de fondo: la falta de gestión proactiva en los bosques. El exceso de material orgánico —ramas, hojas, árboles muertos— se acumula durante años, creando una bomba de tiempo.

“Durante décadas, las agencias optaron por extinguir todos los incendios sin permitir los incendios controlados que limpiaban naturalmente los bosques”, explicó Daniel Connors del Cuerpo de Bomberos Forestales de Carolina del Norte. “Eso nos ha dejado con una carga de combustible fuera de control”.

¿Y ahora qué?

La clave está en la prevención: desde campañas educativas hasta mayores controles en áreas rurales, pasando por programas de manejo forestal que integren a las comunidades locales.

Por el momento, las autoridades piden a los ciudadanos que respeten las restricciones, estén atentos a las alertas y colaboren con las evacuaciones. La lucha contra el fuego en las Carolinas está lejos de terminar, pero podría servir como un **punto de inflexión** para rediseñar un nuevo enfoque regional frente a los incendios forestales en la era del cambio climático.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press