Los dilemas éticos en la política estadounidense: ¿normas olvidadas?
Desde la era Trump hasta la actualidad, los límites entre negocios y gobierno parecen desdibujarse
En los últimos años, los principios éticos en la política estadounidense han sido puestos a prueba una y otra vez. Desde la promoción de productos por parte de altos funcionarios hasta el uso del poder presidencial para impulsar negocios privados, las líneas entre lo que es aceptable y lo que se considera un conflicto de interés han ido desapareciendo. ¿Estamos ante una nueva normalidad en la que la ética gubernamental ya no importa?
De ‘Compren Ivanka’ a ‘Compren Tesla’
En 2017, Kellyanne Conway, asesora del entonces presidente Donald Trump, alentó públicamente a los ciudadanos a comprar productos de la línea de moda de Ivanka Trump. Esto generó una reacción inmediata de los órganos de ética gubernamental, que consideraron que violaba las normas contra el uso del cargo público para beneficio privado.
Hoy, estos estándares parecen más flexibles. La reciente declaración del Secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien recomendó comprar acciones de Tesla con la frase “Nunca estarán tan baratas”, ha sido recibida con asombro por expertos en ética, pero sin medidas inmediatas por parte del gobierno.
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La reiterada asociación entre Trump y Elon Musk ha generado una serie de preguntas sobre los límites éticos. Recientemente, el expresidente convirtió el jardín de la Casa Blanca en una especie de exhibición de autos Tesla, alabando a la empresa con palabras que recuerdan más a un anuncio publicitario que a una declaración gubernamental.
“Está transformando la Casa Blanca en un set para promocionar productos de empresas privadas”, criticó la abogada de ética gubernamental Kathleen Clark.
¿Dónde están los organismos de control?
Uno de los mayores problemas que enfrenta la ética gubernamental actual es la falta de supervisión efectiva. En la era Trump, el jefe de la Oficina de Ética Gubernamental fue despedido y varios inspectores generales fueron destituidos, lo que dejó un vacío en la aplicación de normas.
“Ya ni siquiera están pensando en ética” comentó Richard Painter, ex asesor de ética de la Casa Blanca en administraciones republicanas.
El impacto en la opinión pública
Si bien en el pasado estos actos generaban indignación y llamados a la rendición de cuentas, hoy parece que la opinión pública está menos interesada en estos temas. Muchas personas consideran estos eventos como parte del estilo populista que Trump ha consolidado.
Sin embargo, algunos expertos advierten que la erosión de las normas éticas podría tener consecuencias a largo plazo, debilitando la confianza en las instituciones democráticas.
Los límites entre negocios y política
No solo la administración Trump ha sido acusada de desdibujar los límites entre negocios y política. También se han señalado problemas en administraciones demócratas. Richard Painter menciona los conflictos de interés relacionados con la Fundación Clinton y la Universidad de Pensilvania bajo Joe Biden.
“Hay una diferencia entre actuar en los márgenes de la ética y desafiarla completamente. Trump ha llevado esto a un nuevo nivel”, concluyó Painter.
¿Cómo se compara con el pasado?
En el pasado, los presidentes eran más cuidadosos con sus comentarios sobre productos o empresas. Desde Harry Truman recomendando harina Pillsbury hasta Ronald Reagan alabando sus dulces favoritos, estos comentarios eran personales y no promocionales.
Hoy, el nivel de promoción parece haber cambiado drásticamente. Ahora vemos eventos completos en la Casa Blanca organizados como campañas publicitarias para empresas privadas.
El futuro de la ética en la política
El caso Tesla y las declaraciones de Lutnick ponen de relieve una pregunta clave: ¿hasta qué punto seguirán deteriorándose las normas éticas gubernamentales? Sin organismos de control firmes ni sanciones claras, parece que hay poco incentivo para que los funcionarios se adhieran a altos estándares de ética.
A medida que se acerca una nueva elección presidencial en EE.UU., este debate continuará siendo relevante. ¿La opinión pública reaccionará ante estas transgresiones o simplemente aceptará esta nueva normalidad?