El desafío de la reinserción: la falta de identificación para exprisioneros en Hawái
A más de siete años de aprobarse una ley para ayudar a los reclusos a obtener identificación antes de su liberación, el problema persiste y obstaculiza su regreso a la sociedad.
Cuando Simoné Nanilei Kamaunu salió de prisión en 2022, tenía en su bolsillo un cheque de $500, pero no podía cobrarlo. No tenía una tarjeta de seguridad social, su permiso de conducir había expirado y la identificación de prisión no era válida fuera del centro correccional. Sin una identificación estatal, no podía abrir una cuenta bancaria ni acceder a servicios básicos.
Un obstáculo invisible pero determinante
Para muchos reclusos liberados en Hawái, la falta de una identificación es uno de los primeros y más grandes desafíos que enfrentan. De acuerdo con datos del Departamento de Correcciones y Rehabilitación, casi la mitad de las personas liberadas de prisiones estatales entre noviembre de 2023 y octubre de 2024 no tenían una identificación válida. La situación es aún peor en las cárceles, donde el 95% de los liberados carecían de este documento esencial.
La ley aprobada en 2017 tenía la intención de resolver este problema exigiendo que las prisiones ayudaran a las personas encarceladas a obtener identificaciones antes de su liberación. Sin embargo, su implementación ha sido lenta y plagada de dificultades burocráticas.
Barreras burocráticas y falta de coordinación
Según Tommy Johnson, director del Departamento de Correcciones y Rehabilitación de Hawái, una de las razones detrás del problema es que algunos reclusos simplemente no proporcionan la información necesaria. Pero hay otros factores clave: el proceso para obtener una identificación requiere múltiples documentos de respaldo, incluyendo actas de nacimiento y tarjetas de seguridad social, que en muchos casos también se han extraviado antes del encarcelamiento.
Además, la falta de cooperación y coordinación entre agencias gubernamentales ha ralentizado la implementación de soluciones. Hawái requiere que las personas soliciten una identificación en persona, lo que complicaba el proceso para los reclusos. No fue hasta junio de 2022, cuatro años después de la implementación de la ley, que la primera prisión (Halawa Correctional Facility) instaló una máquina para procesar identificaciones en el sitio.
Un avance lento y con limitaciones
Desde la instalación de esa máquina en 2022, el departamento ha ayudado a 150 personas a obtener identificaciones estatales. Sin embargo, más de 750 personas han salido de prisión sin una en el mismo período. Aunque el Legislativo estatal asignó $100,000 en 2022 para expandir el programa a otras cuatro prisiones, hasta ahora no se han comprado más máquinas.
En otros centros correccionales, los reclusos aún deben esperar hasta ser liberados o estar en un programa de salidas temporales para acudir personalmente al Departamento de Vehículos Motorizados (DMV) en busca de su identificación.
El impacto en la reinserción social
La falta de identificación repercute en múltiples aspectos de la vida de las personas liberadas. Sin una identificación válida, es casi imposible conseguir empleo, alquilar una vivienda o acceder a beneficios gubernamentales. También es un requisito básico para abrir una cuenta bancaria o recibir asistencia financiera.
Esta situación provoca que muchas personas liberadas caigan en la indigencia o recurran a actividades ilegales para sobrevivir, perpetuando un círculo de reincidencia penal. Según la Brennan Center for Justice, la reincidencia está fuertemente vinculada a la falta de acceso a recursos básicos tras la liberación.
Propuestas legislativas para abordar el problema
En respuesta a este estancamiento, el Senado de Hawái está considerando un nuevo proyecto de ley, Senate Bill 224, el cual propone adelantar el inicio del proceso de obtención de documentos clave desde el comienzo del encarcelamiento, en lugar de iniciarlo cuando la persona tenga menos de un año para su liberación.
Aunque el Departamento de Correcciones apoya la medida, su director Tommy Johnson señala que, en las cárceles donde la mayoría de los encarcelados cumplen condenas cortas, la propuesta podría no ser efectiva.
Testimonios desde la primera línea
Muchas de las personas afectadas por esta situación describen su liberación como un regreso a la sociedad con desventaja. Simoné Nanilei Kamaunu tardó tres meses en obtener la identificación necesaria para cobrar su cheque de $500, justo a tiempo para comprar regalos de Navidad para su bebé.
Tsofit Ohayon, quien cumplió una sentencia por delitos relacionados con robos de tarjetas de crédito, tuvo que esperar hasta estar en libertad condicional para poder obtener sus documentos de ciudadanía y, posteriormente, su identificación. Su deseo era trabajar como tutora de matemáticas en un colegio comunitario donde ahora estudia ingeniería, pero sin un documento de identidad válido, no pudo hacerlo.
“Sabía que iba a salir en las mismas condiciones en las que entré,” dice Ohayon. “No iba a recibir ayuda suficiente dentro de la prisión, así que tuve que luchar por mi cuenta.”
La necesidad de acción inmediata
Para muchos exprisioneros, la falta de identificación es el primer gran obstáculo que enfrentan al salir en libertad. Implementar soluciones efectivas a este problema no solo facilitaría la reintegración exitosa a la sociedad, sino que también reduciría la reincidencia.
Pero el tiempo sigue corriendo, y mientras la burocracia avanza con pasos lentos, muchos liberados siguen enfrentando una nueva condena no escrita: la de la exclusión social.